Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal
LAURO. Iván Thays afirma su éxito internacional al ser finalista de uno de los premios más prestigiosos del mundo editorial español.MADRID. "Un lugar llamado Oreja de Perro". Ese es el título de la novela con la que el escritor peruano Iván Thays fue proclamado ayer finalista en el Premio Herralde de Novela, convocado por la editorial Anagrama. El primer puesto del prestigioso galardón, dotado con 18.000 euros, fue adjudicado al mexicano Daniel Sada por su novela "Casi nunca".
La obra de Thays quedó en segundo lugar en un reñido concurso en el que participaron 244 originales y en el que cinco novelas (dos de México, una de España, una de Argentina y la de Thays) pasaron a una votación final.
Thays se presentó con el seudónimo 'Suraki Rathan'. La novela llevaba el título de presentación "El hombre invisible".
La editorial Anagrama explicó ayer que la novela trata sobre un hombre que intenta escribir una carta en un lugar llamado Oreja de Perro. "Atrás --añadió Anagrama-- queda su historia familiar, la temprana muerte de su hijo Paulo, la ruptura de su matrimonio. Por delante, una intrincada ciudad andina, que fue destruida durante el terrorismo peruano en los años 80, será usada como símbolo de la pacificación con el lanzamiento de un programa de asistencia social. El país exige recuperar la verdad y guardar memoria de los hechos trágicos para buscar una reconciliación".
Durante la estadía del protagonista en Oreja de Perro van apareciendo --tal como apuntó la editorial-- "una serie de personajes espectrales: un amnésico que estudia chino, un fotógrafo viejo y cínico, una muchacha embarazada y con una trágica historia personal, un muchacho de aspecto hosco que la persigue, una hermosa y joven antropóloga que fantasea con corresponsales de guerra". "Incapaz de escribir aquella carta o de tomar cualquier decisión" --puntualizó Anagrama-- "el protagonista vagabundea por un mundo del que se siente cada vez más distanciado, con la sensación de que debe resolver un enigma y sin saber por dónde comenzar. Aunque, a cambio de no intervenir en los trágicos sucesos de los que va siendo testigo involuntario, se le permite advertir algo cierto sobre sí mismo, los límites de su mirada y su verdadera condición".
Para Anagrama, Thays "confirma plenamente las esperanzas en él depositadas". La editorial recuerda lo que Mario Vargas Llosa ha expresado sobre este talentoso escritor peruano: "Thays es uno de los más interesantes escritores que han aparecido en América Latina en años recientes. Es cuentista, novelista, profesor universitario y conductor de un programa de televisión sobre libros; ha dedicado su vida a la literatura, una vocación que en su caso es una pasión".
El jurado estuvo compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Luis Magrinyà, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde.
DIVERSIÓN E INTRIGA
"Casi nunca", la obra que quedó en primer lugar, narra la historia de Demetrio Sordo, un agrónomo que pasa sus días en su anodino empleo como administrador y técnico agrícola en un rancho de Oaxaca, en 1945. La editorial presentó así su argumento: "Un día, Demetrio decide que el sexo dará sentido a su vida y va al primer burdel que encuentra. Ahí termina muy allegado a una morena, Mireya, con quien se entiende a la perfección. Poco después, la madre de Demetrio, Telma, le pide que viaje hasta Coahuila para asistir a la boda de su prima Zulema. La idea obvia es que el joven se entienda con alguna señorita ilustre de la comunidad para que haya boda. Y así sucede: Demetrio queda prendado de una joven llamada Renata y de inmediato comienza su compromiso". Se establece así el conflicto de la novela: Demetrio quiere mantener ambas relaciones hasta que sea inevitable romper con una de ellas.
EL DATO
Ganadores anteriores
Solo dos autores peruanos han ganado el Premio Herralde de Novela. Se trata de Jaime Bayly, por "La noche es virgen" (1997) y Alonso Cueto, por "La hora azul" (2005).
Empresa Editora El Comercio. Jr. Miró Quesada #300 Lima 1 – Perú 
Fuente: Moleskine
"Leer a Martín Adán –nos escribe desde Sevilla Julio Ortega– es celebrar el lenguaje. El de la poesía, en primer lugar, que dice más en el barroco deleitoso de este limeño que cuya inteligencia fue una forma de la ironía. Y el habla peruana, herida por una laboriosa distancia del sujeto y sus predicados melancólicos. En esa gramática nuestra Martín Adán introdujo un yo ilativo y elocuente, que se confiesa para guarecerse. Es barroco no solo de forma sino de espíritu, maneras y manías.
Aquí recordemos que Vargas Llosa sostuvo que Martín Adán era nuestro poeta maldito. Efectivamente, pensando en figuras como Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé (además de su propia trayectoria desgarrada, en carne viva), Verlaine hizo famosa la expresión 'poetas malditos' para mencionar a poetas marcados por una vocación absorbente (con ambiciones de videncia, magia, alquimia verbal, sacerdocio del absoluto, etc.) que los inhabilitaba para la vida burguesa y, en general, el contrato social. Alcohólico como Verlaine (y su admirado Rubén Darío, quien veneraba a Verlaine y a los 'raros', su versión de los 'malditos'), Martín Adán se desvivió en trance de absoluto, rompiendo con su existencia ciudadana de Rafael de la Fuente Benavides, aislándose en manicomios (porque --sostenía-- los locos están afuera), ajeno al contrato social, incluyendo en él el mundillo literario de las ediciones y los premios, que nunca buscó y corrieron a cargo de sus fervientes admiradores.


Jean-Marie Le Clézio en una imagen de archivo- DANIEL MORDZINSKI

