Título: Los ríos profundos
Autor: José María Arguedas
País: Perú
Año de publicación: 1958
Idioma original: EspañolTítulo
original: Los ríos profundosPáginas: 318
Comentario: Entre la literatura de la costa y la de la sierra, contemporáneo al boom latinoamericano pero sin formar parte de éste, considerado por algunos máximo exponente de la novela indigenista del siglo XX, José María Arguedas se destaca como un escritor tan valioso como atípico. Fue autor de diversas novelas, así como científico social (antropólogo), traductor de quechua y estudioso de la cultura y el folklore peruanos. Influyó y fue homenajeado en varios textos por otro exponente de la literatura peruana que es Mario Vargas Llosa.
En Los ríos profundos, Arguedas utiliza la literatura como medio de denuncia, para exponer en toda su crudeza las atrocidades que viven los desprotegidos campesinos peruanos, la clase más baja y desprestigiada, a la que se discrimina tanto por su origen como por su lengua. Si bien esta novela está escrita en español, Arguedas incorpora diversos vocablos del quechua, que le dan autenticidad a los diálogos. Al final del libro hay un glosario con los términos utilizados.
A través de una narración lineal y directa, Arguedas da cuenta de la explotación, la miseria, la brecha insalvable entre dos mundos.
El protagonista de la novela es Ernesto, un muchacho del cual ignoramos gran parte de su pasado (incluso su apellido). Huérfano de madre, ha sido abandonado por su padre en un colegio de curas. Los ríos profundos es por lo tanto una experiencia de aprendizaje, de autodescubrimiento y de duelo. Ernesto está entre dos mundos: no sabemos si es o no indio, aunque sí que ha vivido con ellos. Sus compañeros lo estigmatizan, pero a la vez el colegio intenta inscribirlo en una cultura católica e hipana. Y la lección que Ernesto terminará aprendiendo, a los golpes, será la de la soledad y el destierro.
Arguedas describe la realidad peruana de su tiempo con ojo crítico, en una historia sencilla, despojada y, sobre todo, muy triste. Así vivió también su autor, al punto de quitarse la vida en 1969.
Mariana para Blog de Libros
jueves, 18 de diciembre de 2008
PEDIDO. Vallejo y su amada
El poeta descansaría junto a Georgette
UNA INICIATIVA ENCABEZADA POR EL ARTISTA FERNANDO DE SZYSZLO Y EL INVESTIGADOR MIGUEL PACHAS BUSCA ENTERRAR LOS RESTOS DE GEORGETTE JUNTO A LOS DE CÉSAR VALLEJO EN PARÍS"
En los próximos días la Embajada de Francia tendrá en sus manos, más que un pedido, un clamor: una carta en la que se pide al país galo que permita enterrar los restos de Georgette Philippart, la esposa de César Vallejo, junto a los del poeta en el cementerio parisino de Montparnasse.
Esta iniciativa, que partió del pintor Fernando de Szyszlo y del investigador Miguel Pachas, estará acompañada por una solicitud sobre la posibilidad de repatriar los restos del vate peruano.
"Este es el primer paso que estamos haciendo en estos días", afirma Pachas, quien ha publicado el libro "Georgette Vallejo, al fin de la batalla". Recordó que en enero pasado se cumplió el primer centenario del nacimiento de la esposa del autor de "Trilce".
Vallejo, quien murió en París en 1938 y fue enterrado en el cementerio de Montrouge, fue luego trasladado por iniciativa de su viuda a Montparnasse, donde su tumba, muy cercana al sepulcro de Baudelaire, es una de las más visitadas.
"Mientras más personas intervengan en esta petición sería mucho mejor", dijo Pachas y agregó que lograr reunir sus restos con los del poeta sería una forma de reivindicar la memoria de Georgette.
LA LABOR DE EDITORA
Pachas recordó que Georgette rescató los originales de las obras de su marido, abandonados en la Embajada del Perú en París, durante los bombardeos de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.
"El mejor reconocimiento que le podría hacer el Estado Peruano a esta gran mujer sería buscar fórmulas para llevarla a Montparnasse en París", señaló.
Georgette Philippart, quien murió en 1984, fue sepultada en el cementerio de La Planicie de Lima, aunque sus admiradores peruanos consideran que debería descansar junto al hombre que amó desde los 17 años y cuya obra preservó y difundió a lo largo de su vida.
Ella, que quedó viuda a los 30, llegó al Perú en 1951 para defender la integridad de la obra de su esposo a toda costa. Esta posición asumida le granjeó la enemistad de muchos estudiosos y especialistas.
"No solo cumplió una labor de editora, sino también de una persona que defendió la pureza de la obra", confirmó Pachas.
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PRESENTACIÓN. "El viaje del elefante"
La travesía de Salomón por Europa
EL PORTUGUÉS JOSÉ SARAMAGO, PREMIO NOBEL DE LITERATURA, IRONIZA EN UNA GRAN FÁBULA SOBRE LAS CONTRADICCIONES DEL SER HUMANO Y SU RELACIÓN CON LOS MÁS INDEFENSOS"
Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal
MADRID. La condición humana es el eje sobre el cual gira "El viaje del elefante", la reciente novela de José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, presentada ayer en la Casa de América de la capital española.
La novela, definida por el escritor portugués como "un cuento extenso", narra el viaje de Salomón, un elefante indio, a través de media Europa. En los silencios del elefante se puede comprobar que el ser humano no ha cambiado desde los tiempos en los que el viaje, que fue real, tuvo lugar. Salomón debe soportar una serie de inclemencias meteorológicas pero, sobre todo, los caprichos y las contradicciones del ser humano.
Saramago aclaró que no se trata de una novela histórica, a pesar de partir de una historia real del siglo XVI: el regalo de un elefante asiático por parte del rey portugués Juan III a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria. "Los datos históricos son escasísimos", dijo. Y agregó: "Por eso el libro está lleno de imaginación, de invención constante, para poder mantener la atención del lector sobre un viaje que seguramente fue monótono".
Eso sí, hay episodios que ocurrieron en realidad, como el caso de una niña de 5 años que se desprendió de los brazos de su madre y corrió hacia el elefante. "Cundió el pánico, todos creían que moriría aplastada, pero el elefante la agarró con la trompa y la levantó en el aire con gesto triunfal... si no hubiera ocurrido, no habría escrito jamás esto, ya que habría parecido irreal", indicó.
El autor resaltó que toda la novela se justifica únicamente por el final, cuando el elefante muere y sus patas delanteras son cortadas y utilizadas para confeccionar un recipiente para colocar paraguas y bastones. Ante semejante revelación ante la prensa, Amaya Elezcano, editora de Alfaguara, acotó que Saramago es el único autor al que se le permite develar el final de sus obras.
EL SUSTO DE LA ENFERMEDAD
La novela fue escrita en dos tiempos debido a una grave enfermedad respiratoria que obligó al escritor a ingresar a un hospital. "Estoy seguro de que la enfermedad influyó en la escritura de la obra, pero no se nota" afirmó. El premio Nobel comentó que para su esposa y traductora, Pilar del Río, la novela puede haber marcado una especie de punto de inflexión, ya que --dijo-- sobrevivió a la citada enfermedad, aun cuando muchos creyeron que era el final.
José Saramago nació en 1922, en Azinhaga, Portugal. En 1998 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. A los 86 años se muestra lúcido y tal vez precisamente por ello deja entrever que esta puede ser su última obra. Dios quiera que no.
El Comercio
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El hombre ilustrado de Ray Bradbury
Título: El hombre ilustrado
Autor: Ray Bradbury
País: Estados Unidos
Año de publicación: 1951
Idioma original: Inglés
Título original: The Illustrated Man
Páginas: 269
ISBN: 950-547-088-6
Web:Reseña con breve resumen de cada una de las historias.
Ray Bradbury, famoso autor norteamericano de ciencia ficción, se caracteriza por sus argumentos poéticos y reflexivos, que casi siempre contienen una crítica a la sociedad de su tiempo. De hecho, el propio Bradbury sostiene que él no escribe ciencia ficción sino fantasía, con la excepción de su novela Fahrenheit 451. A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos premios y reconocimientos. El hombre ilustrado es uno de sus libros más famosos, y posiblemente donde más despliega su personalidad de escritor.El protagonista es el hombre ilustrado que le da el título al libro, o mejor dicho, sus ilustraciones: una serie de imágenes que lo cubre de pies a cabeza, y que no son tatuajes porque poseen la cualidad de moverse por las noches, contando una historia distinta cada una. Por ello, este libro no es una novela, sino que se trata de una serie de relatos enmarcados. Un narrador testigo observa la piel del hombre ilustrado, ve animarse a las ilustraciones y cuenta las historias que allí se le revelan: historias de un futuro por venir, la causa de que muchos huyan del hombre ilustrado, ya que le temen a lo desconocido y al tiempo por llegar que guarda, entre otras cosas, nuestra propia muerte.Algunos relatos recrean la vida en la Tierra en un futuro que Bradbury imagina cercano: las maravillas de la tecnología, los viajes espaciales, conviven con los viejos conflictos de la segregación racial, la soledad del individuo y la incomunicación en la familia, ya sea entre los integrantes de la pareja, ya sea entre padres e hijos. Por ello, muchos de los cuentos de este libro pueden leerse tanto de manera literal como metafórica.
Opinión personal: Probablemente uno de los mejores libros de Ray Bradbury. A lo largo de todos estos relatos, el autor combina con maestría sus dotes para la palabra con originales argumentos de ciencia ficción, que a su vez no dejan de ser poéticos.
Mariana para Blog de Libros
UNA INICIATIVA ENCABEZADA POR EL ARTISTA FERNANDO DE SZYSZLO Y EL INVESTIGADOR MIGUEL PACHAS BUSCA ENTERRAR LOS RESTOS DE GEORGETTE JUNTO A LOS DE CÉSAR VALLEJO EN PARÍS"
En los próximos días la Embajada de Francia tendrá en sus manos, más que un pedido, un clamor: una carta en la que se pide al país galo que permita enterrar los restos de Georgette Philippart, la esposa de César Vallejo, junto a los del poeta en el cementerio parisino de Montparnasse.
Esta iniciativa, que partió del pintor Fernando de Szyszlo y del investigador Miguel Pachas, estará acompañada por una solicitud sobre la posibilidad de repatriar los restos del vate peruano.
"Este es el primer paso que estamos haciendo en estos días", afirma Pachas, quien ha publicado el libro "Georgette Vallejo, al fin de la batalla". Recordó que en enero pasado se cumplió el primer centenario del nacimiento de la esposa del autor de "Trilce".
Vallejo, quien murió en París en 1938 y fue enterrado en el cementerio de Montrouge, fue luego trasladado por iniciativa de su viuda a Montparnasse, donde su tumba, muy cercana al sepulcro de Baudelaire, es una de las más visitadas.
"Mientras más personas intervengan en esta petición sería mucho mejor", dijo Pachas y agregó que lograr reunir sus restos con los del poeta sería una forma de reivindicar la memoria de Georgette.
LA LABOR DE EDITORA
Pachas recordó que Georgette rescató los originales de las obras de su marido, abandonados en la Embajada del Perú en París, durante los bombardeos de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.
"El mejor reconocimiento que le podría hacer el Estado Peruano a esta gran mujer sería buscar fórmulas para llevarla a Montparnasse en París", señaló.
Georgette Philippart, quien murió en 1984, fue sepultada en el cementerio de La Planicie de Lima, aunque sus admiradores peruanos consideran que debería descansar junto al hombre que amó desde los 17 años y cuya obra preservó y difundió a lo largo de su vida.
Ella, que quedó viuda a los 30, llegó al Perú en 1951 para defender la integridad de la obra de su esposo a toda costa. Esta posición asumida le granjeó la enemistad de muchos estudiosos y especialistas.
"No solo cumplió una labor de editora, sino también de una persona que defendió la pureza de la obra", confirmó Pachas.
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PRESENTACIÓN. "El viaje del elefante"
La travesía de Salomón por Europa
EL PORTUGUÉS JOSÉ SARAMAGO, PREMIO NOBEL DE LITERATURA, IRONIZA EN UNA GRAN FÁBULA SOBRE LAS CONTRADICCIONES DEL SER HUMANO Y SU RELACIÓN CON LOS MÁS INDEFENSOS"
Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal
MADRID. La condición humana es el eje sobre el cual gira "El viaje del elefante", la reciente novela de José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, presentada ayer en la Casa de América de la capital española.
La novela, definida por el escritor portugués como "un cuento extenso", narra el viaje de Salomón, un elefante indio, a través de media Europa. En los silencios del elefante se puede comprobar que el ser humano no ha cambiado desde los tiempos en los que el viaje, que fue real, tuvo lugar. Salomón debe soportar una serie de inclemencias meteorológicas pero, sobre todo, los caprichos y las contradicciones del ser humano.
Saramago aclaró que no se trata de una novela histórica, a pesar de partir de una historia real del siglo XVI: el regalo de un elefante asiático por parte del rey portugués Juan III a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria. "Los datos históricos son escasísimos", dijo. Y agregó: "Por eso el libro está lleno de imaginación, de invención constante, para poder mantener la atención del lector sobre un viaje que seguramente fue monótono".
Eso sí, hay episodios que ocurrieron en realidad, como el caso de una niña de 5 años que se desprendió de los brazos de su madre y corrió hacia el elefante. "Cundió el pánico, todos creían que moriría aplastada, pero el elefante la agarró con la trompa y la levantó en el aire con gesto triunfal... si no hubiera ocurrido, no habría escrito jamás esto, ya que habría parecido irreal", indicó.
El autor resaltó que toda la novela se justifica únicamente por el final, cuando el elefante muere y sus patas delanteras son cortadas y utilizadas para confeccionar un recipiente para colocar paraguas y bastones. Ante semejante revelación ante la prensa, Amaya Elezcano, editora de Alfaguara, acotó que Saramago es el único autor al que se le permite develar el final de sus obras.
EL SUSTO DE LA ENFERMEDAD
La novela fue escrita en dos tiempos debido a una grave enfermedad respiratoria que obligó al escritor a ingresar a un hospital. "Estoy seguro de que la enfermedad influyó en la escritura de la obra, pero no se nota" afirmó. El premio Nobel comentó que para su esposa y traductora, Pilar del Río, la novela puede haber marcado una especie de punto de inflexión, ya que --dijo-- sobrevivió a la citada enfermedad, aun cuando muchos creyeron que era el final.
José Saramago nació en 1922, en Azinhaga, Portugal. En 1998 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. A los 86 años se muestra lúcido y tal vez precisamente por ello deja entrever que esta puede ser su última obra. Dios quiera que no.
El Comercio
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El hombre ilustrado de Ray Bradbury
Título: El hombre ilustrado
Autor: Ray Bradbury
País: Estados Unidos
Año de publicación: 1951
Idioma original: Inglés
Título original: The Illustrated Man
Páginas: 269
ISBN: 950-547-088-6
Web:Reseña con breve resumen de cada una de las historias.
Ray Bradbury, famoso autor norteamericano de ciencia ficción, se caracteriza por sus argumentos poéticos y reflexivos, que casi siempre contienen una crítica a la sociedad de su tiempo. De hecho, el propio Bradbury sostiene que él no escribe ciencia ficción sino fantasía, con la excepción de su novela Fahrenheit 451. A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos premios y reconocimientos. El hombre ilustrado es uno de sus libros más famosos, y posiblemente donde más despliega su personalidad de escritor.El protagonista es el hombre ilustrado que le da el título al libro, o mejor dicho, sus ilustraciones: una serie de imágenes que lo cubre de pies a cabeza, y que no son tatuajes porque poseen la cualidad de moverse por las noches, contando una historia distinta cada una. Por ello, este libro no es una novela, sino que se trata de una serie de relatos enmarcados. Un narrador testigo observa la piel del hombre ilustrado, ve animarse a las ilustraciones y cuenta las historias que allí se le revelan: historias de un futuro por venir, la causa de que muchos huyan del hombre ilustrado, ya que le temen a lo desconocido y al tiempo por llegar que guarda, entre otras cosas, nuestra propia muerte.Algunos relatos recrean la vida en la Tierra en un futuro que Bradbury imagina cercano: las maravillas de la tecnología, los viajes espaciales, conviven con los viejos conflictos de la segregación racial, la soledad del individuo y la incomunicación en la familia, ya sea entre los integrantes de la pareja, ya sea entre padres e hijos. Por ello, muchos de los cuentos de este libro pueden leerse tanto de manera literal como metafórica.
Opinión personal: Probablemente uno de los mejores libros de Ray Bradbury. A lo largo de todos estos relatos, el autor combina con maestría sus dotes para la palabra con originales argumentos de ciencia ficción, que a su vez no dejan de ser poéticos.
Mariana para Blog de Libros
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Un lugar llamado Oreja de Perro
Crítica literaria de Javier Fernández de CastroIván Thays
Anagrama
Es una novela triste y que transcurre en un lugar oficialmente llamado Oreja de Perro, un diminuto y perdido caserío que, siempre oficialmente, pertenece al distrito de Chungui, en el departamento de Ayacucho, Perú. Sin embargo, y digan lo que digan los registros catastrales oficiales, el lector sabe reconocer de inmediato que ha sido conducido mediante engaños (o al menos utilizando como señuelo esa denominación de origen tan sugerente y singular) a uno de los confines más extremos del mundo. El cual, encima, ha sido erigido tan arriba en las montañas que sus visitantes padecen invariablemente el temido soroche, con sus inevitables y asquerosas secuelas.
Es una novela triste y que transcurre en un lugar oficialmente llamado Oreja de Perro, un diminuto y perdido caserío que, siempre oficialmente, pertenece al distrito de Chungui, en el departamento de Ayacucho, Perú. Sin embargo, y digan lo que digan los registros catastrales oficiales, el lector sabe reconocer de inmediato que ha sido conducido mediante engaños (o al menos utilizando como señuelo esa denominación de origen tan sugerente y singular) a uno de los confines más extremos del mundo. El cual, encima, ha sido erigido tan arriba en las montañas que sus visitantes padecen invariablemente el temido soroche, con sus inevitables y asquerosas secuelas.
Sería de plena justicia que los locales, ante las quejas de los recién llegados por las molestias físicas, la falta de comodidades e incluso de una mínima oferta de ocio, preguntasen a su vez: y quién se le ocurre venir a un lugar como Oreja de Perro.
Pero no hay queja porque, dentro de su homogeneidad (me refiero a que se trata de un estado del alma asumido, cotidiano y que afecta a todos por igual, sin altibajos) en la tristeza de Oreja de Perro no hay lamento. Porque éste, el lamento, es propio de quien ha perdido algo y nota su falta, o de quien vislumbraba una promesa de futuro y ha visto cerrarse esa puerta. Como si dijéramos, la queja es propia de quien sufre una irrupción de la realidad que marca un antes y un después, casi siempre para peor. Y de ahí la protesta, el lamento.
Pero qué novedad les cabe, y por lo tanto de qué van a quejarse los habitantes de un puñado de casas perdidas en uno de los confines del mundo y que desde hace veinte años, o sea desde toda la vida, han sido víctimas de la violencia imbécil, indiscriminada, alternada y bestial por parte de las guerrillas, el ejército y los paramilitares con sus respectivos regueros de muertes, torturas, violaciones y desapariciones cuyo fin parecen ser las (también respectivas) fosas comunes en las que los cadáveres son despedazados a bombazos para evitar una identificación posterior.
La cual es una práctica tan cruel como inútil porque el ser humano, qué menos, si no justicia, si no le son dados sus derechos fundamentales, aspira al menos a enterrar a sus muertos. Y contra esa voluntad ancestral no bastan las fosas comunes ni la identidad borrada a bombazos. La memoria, lenta, callada y tenaz -lo supieron en su día los militares argentinos y chilenos, acabarán por saberlo las autoridades religiosas españolas que tanto se oponen a dar sepultura a los muertos de hace más de setenta años-, continuará exigiendo concederles la paz a sus caídos.
Contra ese fondo, en semejante escenario, un capitalino que viene con su propia memoria a cuestas, trata sin demasiado éxito de implicarse en los trabajos que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, aquella iniciativa puesta en marcha por el presidente Toledo y que se llevó a cabo con resultados dispares. El tiempo narrativo trascurre mientras los miembros de la Comisión tratan de cerrar definitivamente veinte años, toda una vida, de crueldad y de olvido. Y al tiempo de tratar de poner en orden a su propia memoria, al capitalino trasplantado a ese confín del mundo le van saliendo al paso nuevos sucesos que se suman a los pasados, propios y ajenos, para configurarle un futuro tan incierto como no deseado. Un matrimonio con quien no debía, los agravios de antes y después de la separación, la tragedia irreparable de un niño muerto mientras todos dormían o las inoportunas llamadas de la vida para que se reincorpore ya a
su devenir son como una barrera que una conciencia doliente opone a los horrores que irán saliendo junto con los cuerpos (esos perros famélicos desenterrando cadáveres para saciar su hambre) y las muestras de indiferencia, cansancio o cinismo que aquellos sucesos suscitan hoy. La vuelta a casa, la recuperación del horror cotidiano o las nuevas vejaciones, propias de toda ruptura matrimonial, no significan de hecho un cambio notorio en esa tristeza infinita que recorre esta novela desde su primera a la última página.
su devenir son como una barrera que una conciencia doliente opone a los horrores que irán saliendo junto con los cuerpos (esos perros famélicos desenterrando cadáveres para saciar su hambre) y las muestras de indiferencia, cansancio o cinismo que aquellos sucesos suscitan hoy. La vuelta a casa, la recuperación del horror cotidiano o las nuevas vejaciones, propias de toda ruptura matrimonial, no significan de hecho un cambio notorio en esa tristeza infinita que recorre esta novela desde su primera a la última página. Nota extemporánea: la novela, fuera ya del ámbito estrictamente literario, le ha cabido un inesperado final feliz, puesto que mereció el honor de ser señalada como novela finalista del Premio Herralde. Y ya se sabe que, en ese premio, cuando el jurado da a conocer una circunstancia así está diciendo que al final de las votaciones se produjo un empate y que cualquiera de las dos, la finalmente ganadora y la finalista podrían haberse llevado el premio. Y que le cayó en suerte a la otra. Pero después de una convivencia tan intensa como la que tiene lugar en Oreja de Perro, un reconocimiento así suena a victoria. Por fin.
jueves, 27 de noviembre de 2008
WÁSHINGTON DELGADO
Al maestro poeta, con cariño
EL ESCRITOR JORGE ESLAVA RECOGE TODA LA PRODUCCIÓN DEL DESAPARECIDO POETA DE LA GENERACIÓN DEL 50 POESÍA, CUENTOS, ENSAYOS Y OBRA PERIODÍSTICA COMPONEN VALIOSO LOGRO EDITOR DE LA UNIVERSIDAD DE LIMA"
Por Enrique Planas
Lo recordaron irónico, escéptico, pesimista, extraordinario conversador, desordenado con sus papeles. Fue una ceremonia emotiva y memoriosa la celebrada la noche del martes en el auditorio W de la Universidad de Lima, donde se presentó la obra completa del poeta Wáshington Delgado (Cusco, 1927-Lima, 2003), cuatro tomos reunidos y revisados con devoción y acuciosidad por el escritor y uno de sus más aprovechados alumnos, Jorge Eslava.
Como anotó en la presentación el poeta Carlos López Degregori, dentro de las voces de la Generación del 50, la de Wáshington Delgado va ubicándose en un lugar central. "Su obra discurre por muchos caminos. Es un poeta fundamental, un narrador interesante, un brillante ensayista. Delgado encarna el espíritu humanista de su generación", señala.
También en la mesa de presentadores, Antonio Cisneros evitó mayores disertaciones doctas y prefirió compartir sus recuerdos llenos de anécdotas vividas en común: "La primera vez que vi a Wáshington fue en abril de 1960, en el patio de Letras de la Universidad Católica, en la plaza Francia. El profesor del curso era Jorge Puccinelli (también presente en la mesa) y Wáshington era su asistente de cátedra --comentó--. Y Wáshington nos dictó una clase sobre Vallejo. Parecía una charla más que un curso. Él encarnaba la negación de la imagen acartonada de un académico. Para él no había lectura por obligación, sino por placer. Para él la literatura era un acto hedonista", señaló Cisneros.
A su turno, la también poeta y estudiosa Ana María Gazzolo enfocó su reflexión sobre lo que significa leer ahora al desaparecido escritor. "En la obra de Delgado hallamos una visión ajustada a lo minúsculo, a lo cotidiano, a lo interior, así como a las amplias dimensiones de lo social. Su voz habla en varios tonos: el intimista, el reflexivo, el irónico y el de denuncia. Su obra está enmarcada en una época y enlazada además con una tradición española, culta y popular, de la que provienen formas estróficas, musicalidad, ritmos y motivos de la poesía del Siglo de Oro, del modernismo y de la Generación del 27, además de la incuestionable huella de Vallejo", señaló Gazzolo, para quien Delgado sintetiza las dos vertientes que a mediados del siglo XX parecían contrapuestas: la "poesía pura" y la "poesía social".
Por su parte, el ensayista e investigador Camilo Fernández apuntó cómo la obra de Delgado nos revela también una irónica y a veces pesimista lectura de nuestro pasado histórico. Recordó, además, su faceta de profesor universitario: "Cuando hablaba, no solo había el hedonismo de quien paladea en clases un verso de Pedro Salinas. Había también una suerte de identificación personal. Hablar de literatura significaba para él hacer literatura", añadió.
CUATRO TOMOS
El corazón es fuego
Con estudio preliminar y notas de Jorge Eslava, el volumen reúne toda la poesía: Desde los siete poemarios de "Un mundo dividido" (1970) hasta últimos inéditos del autor.
Monólogo del habitante
Un manojo de cuentos y una enorme producción periodística, entre reseñas, artículos, crónicas y columnas publicados desde 1950.
Oficio y conducta
Dedicado a sus estudios sobre literatura española y peruana (colonial y republicana), incluye sus tesis de bachillerato y doctorado por la UNMSM, entre otros estudios académicos.
Para vivir mañana
Reúne sus ensayos y conferencias. Desde clásicos como Lope de Vega o Cervantes hasta autores como Ciro Alegría o Julio Ramón Ribeyro.
EL ESCRITOR JORGE ESLAVA RECOGE TODA LA PRODUCCIÓN DEL DESAPARECIDO POETA DE LA GENERACIÓN DEL 50 POESÍA, CUENTOS, ENSAYOS Y OBRA PERIODÍSTICA COMPONEN VALIOSO LOGRO EDITOR DE LA UNIVERSIDAD DE LIMA"
Por Enrique Planas
Lo recordaron irónico, escéptico, pesimista, extraordinario conversador, desordenado con sus papeles. Fue una ceremonia emotiva y memoriosa la celebrada la noche del martes en el auditorio W de la Universidad de Lima, donde se presentó la obra completa del poeta Wáshington Delgado (Cusco, 1927-Lima, 2003), cuatro tomos reunidos y revisados con devoción y acuciosidad por el escritor y uno de sus más aprovechados alumnos, Jorge Eslava.
Como anotó en la presentación el poeta Carlos López Degregori, dentro de las voces de la Generación del 50, la de Wáshington Delgado va ubicándose en un lugar central. "Su obra discurre por muchos caminos. Es un poeta fundamental, un narrador interesante, un brillante ensayista. Delgado encarna el espíritu humanista de su generación", señala.
También en la mesa de presentadores, Antonio Cisneros evitó mayores disertaciones doctas y prefirió compartir sus recuerdos llenos de anécdotas vividas en común: "La primera vez que vi a Wáshington fue en abril de 1960, en el patio de Letras de la Universidad Católica, en la plaza Francia. El profesor del curso era Jorge Puccinelli (también presente en la mesa) y Wáshington era su asistente de cátedra --comentó--. Y Wáshington nos dictó una clase sobre Vallejo. Parecía una charla más que un curso. Él encarnaba la negación de la imagen acartonada de un académico. Para él no había lectura por obligación, sino por placer. Para él la literatura era un acto hedonista", señaló Cisneros.
A su turno, la también poeta y estudiosa Ana María Gazzolo enfocó su reflexión sobre lo que significa leer ahora al desaparecido escritor. "En la obra de Delgado hallamos una visión ajustada a lo minúsculo, a lo cotidiano, a lo interior, así como a las amplias dimensiones de lo social. Su voz habla en varios tonos: el intimista, el reflexivo, el irónico y el de denuncia. Su obra está enmarcada en una época y enlazada además con una tradición española, culta y popular, de la que provienen formas estróficas, musicalidad, ritmos y motivos de la poesía del Siglo de Oro, del modernismo y de la Generación del 27, además de la incuestionable huella de Vallejo", señaló Gazzolo, para quien Delgado sintetiza las dos vertientes que a mediados del siglo XX parecían contrapuestas: la "poesía pura" y la "poesía social".
Por su parte, el ensayista e investigador Camilo Fernández apuntó cómo la obra de Delgado nos revela también una irónica y a veces pesimista lectura de nuestro pasado histórico. Recordó, además, su faceta de profesor universitario: "Cuando hablaba, no solo había el hedonismo de quien paladea en clases un verso de Pedro Salinas. Había también una suerte de identificación personal. Hablar de literatura significaba para él hacer literatura", añadió.
CUATRO TOMOS
El corazón es fuego
Con estudio preliminar y notas de Jorge Eslava, el volumen reúne toda la poesía: Desde los siete poemarios de "Un mundo dividido" (1970) hasta últimos inéditos del autor.
Monólogo del habitante
Un manojo de cuentos y una enorme producción periodística, entre reseñas, artículos, crónicas y columnas publicados desde 1950.
Oficio y conducta
Dedicado a sus estudios sobre literatura española y peruana (colonial y republicana), incluye sus tesis de bachillerato y doctorado por la UNMSM, entre otros estudios académicos.
Para vivir mañana
Reúne sus ensayos y conferencias. Desde clásicos como Lope de Vega o Cervantes hasta autores como Ciro Alegría o Julio Ramón Ribeyro.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
ENTREVISTA: ENTREVISTA - JOSÉ SARAMAGO
"No me hablen de la muerte porque ya la conozco"
MANUEL RIVAS 23/11/2008
MANUEL RIVAS 23/11/2008
Acaba de cumplir 86 años. El lenguaje le ha salvado. Escribió su última novela nada más sentir la cercanía de la muerte. Sigue siendo un escéptico, pero se encuentra pleno de serenidad.
José Saramago siempre fue algo más que un escritor. "Un aprendiz", sería su respuesta. Así se presentó ante la Academia Sueca cuando recogió el Premio Nobel de Literatura, el primero concedido a un autor portugués, hace ahora 10 años. "Un maestro, el maestro", puntualizaría el crítico más exigente del universo, Harold Bloom. Para el autor de El canon occidental, Saramago, que este noviembre ha cumplido 86 años, es "el novelista vivo más talentoso del mundo" y "uno de los últimos titanes". Como un titán ha escrito su último libro, El viaje del elefante (Alfaguara). Un triunfo del lenguaje, la imaginación y el humor, arrancado literalmente a la muerte.
José Saramago
José Saramago siempre fue algo más que un escritor. "Un aprendiz", sería su respuesta. Así se presentó ante la Academia Sueca cuando recogió el Premio Nobel de Literatura, el primero concedido a un autor portugués, hace ahora 10 años. "Un maestro, el maestro", puntualizaría el crítico más exigente del universo, Harold Bloom. Para el autor de El canon occidental, Saramago, que este noviembre ha cumplido 86 años, es "el novelista vivo más talentoso del mundo" y "uno de los últimos titanes". Como un titán ha escrito su último libro, El viaje del elefante (Alfaguara). Un triunfo del lenguaje, la imaginación y el humor, arrancado literalmente a la muerte.
José Saramago
Nacimiento: 1922
Lugar: (Azinhaga)
Capítulo I
Lugar: (Azinhaga)
Capítulo I
Observaré lo que sucedió con el silencio con que las raíces de las plantas agujerean la tierra
(Mongane Wally Serote)
Un día de las navidades de 2007, José Saramago se fijó en sus ojos. Eran enormes. Se habían expandido como círculos concéntricos en su rostro. Y los ojos lo miraban a él. Con extrañeza. Con curiosidad. Con asombro. Parecían decirle: "Así que sigues por aquí, todavía aquí".
No es un episodio de El hombre duplicado (2002), una de sus novelas. Pero durante un tiempo sí que había un doble, otro Saramago, testigo de su lucha por salir con vida. El doble era un tipo sereno. Le corrigió. No, no han sido los ojos los que han crecido. Es la carne, la musculatura que ha desaparecido. Por eso con tu piel ocurre lo que con las momias, que se ha replegado y se ciñe a los huesos. Es eso lo que agranda los ojos. Siguen siendo lo que eran, pero el entorno ha cambiado. El doble lo conocía bien. Iba a añadir: son como astros resplandecientes en la ruina. Pero se atuvo al estilo más conciso, poético, sí, pero menos barroco del Saramago que volvió a abanear la narrativa contemporánea, no sólo la portuguesa, cuando publicó Ensayo sobre la ceguera (1995). La primera revolución en la forma de narrar había sido en 1980 con Levantado do chão (Levantado del suelo).
-Has perdido 20 kilos, Zé. Siempre has sido delgado, enjuto. Como el abuelo Jerónimo. Pero 20 kilos son muchos kilos. Mides 1,80. Tenías 71 kilos y ahora tienes 51. Piensa en las manzanas asadas. Y en lo que dijo Josefa.
El doble lo sabía todo. Sabía que el abuelo Jerónimo Merlinho, el de la aldea natal de Azinhaga, el marido de Josefa Caixinha, se había despedido de la vida abrazando cada uno de los árboles de la huerta. Jerónimo, el que enseñó al nieto a contar historias durmiendo en el verano bajo la higuera, será recordado como un clásico en toda la historia de los discursos de entrega de los Nobel. Así comenzó la intervención de Saramago: "El hombre más sabio que conocí en toda mi vida no sabía leer ni escribir". Sí, el doble lo conocía bien. ¿Qué había dicho Josefa? "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir".
José llevaba tiempo, unos años ya, con malestar físico. Un hipo interminable lo había debilitado. Pero lo ayudaban mucho las manzanas asadas. No había dejado de escribir como un titán. Ni de moverse por el mundo denunciando la globalización como "un nuevo totalitarismo" o con su cita preferida, la de La sagrada familia (la de Karl Marx): "Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente". Las cosas de Saramago, decían los cínicos. En 2005 había escrito Las intermitencias de la muerte. No era tampoco una abstracción. La muerte era una presencia física, tangible. "Uno es creador de sus personajes", había escrito, "y al mismo tiempo, criatura de ellos". El personaje de la muerte pasó de lo invisible a lo visible. No era un juego. Venía para llevárselo. José Saramago lo recuerda bien. Pero él no estaba conforme. Una parte de su cuerpo sí parecía resignada. Aceptaba la crisis. Llegó a pararse de tal forma, que casi era imperceptible eso que llaman el hilo de la vida. Al principio, en la clínica de Lanzarote, llegaron a dudar de la conveniencia del ingreso.
-Supongo que no querían que aquél fuese el lugar del fin de Saramago. Les estoy muy agradecido. La muerte no me ha llevado. Era consciente, sabía, veía, sentía, que estaba al borde de pasar al otro lado. Más tarde decía: 'No me hablen de la muerte porque ya la conozco. De alguna forma ya la conozco'.
Había otras partes de su cuerpo que no estaban conformes. Ni el corazón, ni la cabeza. El corazón siguió latiendo con fuerza. La mente, durante un tiempo, dos días después de salir de la UCI, estableció unas coordenadas que ahora Saramago recuerda como un entrañable autorretrato vanguardista. "En aquel momento, que fue de los peores, se plantaba en mi cabeza algo que era un fondo negro con cuatro puntos luminosos que formaban un cuadrilátero irregular. Y yo tenía muy claro que ese cuadrilátero era yo".
Había otras partes de su cuerpo que no estaban conformes. Ni el corazón, ni la cabeza. El corazón siguió latiendo con fuerza. La mente, durante un tiempo, dos días después de salir de la UCI, estableció unas coordenadas que ahora Saramago recuerda como un entrañable autorretrato vanguardista. "En aquel momento, que fue de los peores, se plantaba en mi cabeza algo que era un fondo negro con cuatro puntos luminosos que formaban un cuadrilátero irregular. Y yo tenía muy claro que ese cuadrilátero era yo".
Uno tiene una memoria corporal. ¿Qué relación ha tenido con su cuerpo José Saramago?
Yo he aceptado mi cuerpo. No ha sido nunca el cuerpo de un Adonis. He tenido con la edad un cierto declive. No he sido nunca un hombre de músculos. Tengo un esqueleto estrecho. Lo acepté. Con una cierta vanidad, quizás sí, quizás no, me gusta que después de los cambios, y en este caso último la enfermedad, mi cuerpo siga presentando una cierta...armonía. Una buena apariencia física. En el fondo no estoy descontento. Pero pasar de ahí a una especie de adoración de mi propio cuerpo, cuidándolo mucho, nunca he caído en esa tentación. Ni siquiera puedo utilizar la palabra tentación porque nunca la he tenido.
Los ojos de Saramago, definitivamente, y al margen de la encarnadura de la cara, son enormes. Ojos que contienen ojos. Sus pausas al hablar no parecen destinadas al descanso, sino que ceden el lugar a la mirada como una avanzadilla del lenguaje. Esa clase de silencio con que las raíces avanzan en la tierra.
Capítulo II
Mi propia voz me animaba
(William Wordsworth)
Un día, a comienzos de 2008, José Saramago oyó de la boca de un médico la palabra "milagro". No suena mal en boca de la ciencia, pero él nunca se conforma con lo inexplicable. Él identificó el milagro con la profesionalidad del cuerpo médico, con los cuidados de su mujer, Pilar del Río ("Ganaremos la primavera"), con la lealtad del corazón ("un corazón estupendo") y con la emersión de una energía en principio extraña a su carácter. El humor. Un humor expansivo, impelente, incesante. Un humor que impresionó al doble, a aquel otro Saramago que permanecía sereno, algo perplejo, sí, observándolo todo. Nunca se había visto a sí mismo contando chistes.
-Me gustaría que hubieras estado en el hospital durante la visita de los médicos y que escucharas los diálogos. Yo, que estaba en una situación de riesgo, mal, muy mal, pero me sentía con una libertad de expresión exultante. El humor con el que yo me comunicaba en el diálogo con ellos me sorprendía, me emocionaba. Oía a ese que hablaba, el enfermo que yo era, y pensaba como un ser redoblado: ¿Cómo es que estoy hablando así con esta gente? No soy capaz de reproducir ningún diálogo. Era el tono. Mi tono era ése. Ellos se miraban. Sonreían. Yo seguía... No era algo premeditado. Yo no pensaba: tengo que demostrar a esta gente que estoy bien. Era todo lo contrario de lo que se pudiera esperar de una persona en mi estado.
Saramago, el hombre silencioso, el hombre serio, al que algún cáustico atribuyó una "gravedad 'cachimbal". [Sonríe] ¡Eso era cuando fumaba en pipa! Es verdad. Yo he sido, desde muy niño, callado, reservado, melancólico. Nunca he tenido la risa fácil. Incluso la sonrisa, para mí es algo que me cuesta trabajo. Y las alegrías o las tristezas en mí son interiores, no las manifiesto. Ya de niño era así.
Sin embargo, si hay una constante en su obra es la ironía, un tipo de humor muy profundo.
El humor llega más tarde. En lo que escribía a los 23 años no había humor ninguno. El conocimiento propio, el conocimiento de los demás, ésa es la base del humor. El humor es una creación muy laboriosa.
Después de publicar 'Levantado del suelo', dijo: "No escribo para satisfacer dictámenes. Escribo un poco como quien respira, como quien habla". Tal vez el lenguaje acudió ahora en ayuda del cuerpo.
Sin duda. Era como si me transportara, como si me apoyase en el lenguaje. Yo mal podía moverme en la cama, pero me sentía llevado por el lenguaje. Una mente que era consciente de la realidad de mi estado, de la situación límite, que a la vez era capaz de desdoblarse y funcionar como si no pasara nada, como si la libertad de la mente, del argumento irónico, no estuviera bajo la presencia constante de la enfermedad, eso ha contribuido muchísimo para salvarme. El humor, una capacidad de animación oral extraordinaria, ese funcionamiento de la mente. Y curiosamente, de todo esto yo he salido con un espíritu totalmente sereno, de una serenidad impresionante. No es como si no hubiese pasado nada, porque creo que esa sensación de serenidad total es también una consecuencia de la enfermedad. No porque yo hubiera aprovechado para hacer un examen de conciencia. Yo no he hecho ningún examen de conciencia. Quizá por la proximidad, por una proximidad casi tangible de la muerte, he salido con una serenidad que se mantiene hoy. Comparada con el centro del huracán, donde no pasa nada, donde el aire no sopla.
-Lo convencional es pensar que uno, en esas circunstancias, hace balance de la vida. De lo bueno y de lo malo. Calcular el peso del alma. Es cuando pronuncia una de esas grandes frases, como el Borges que decía: "He cometido el más grande pecado que un hombre puede cometer...No he sido feliz".
-Eso es una operación mental, que fabricas luego. Conmigo no ha ocurrido eso. Yo he regresado a la vida. He regresado con naturalidad y con esa serenidad total de la que hablaba. No podía moverme y no me movía. Quizá llegase el día... Y llegó. Un médico me ha dicho: usted necesita por lo menos un año para recuperar algo que se parezca a la normalidad. Bueno, ha sido todo más rápido, sorprendentemente rápido, pero, al mismo tiempo, duro. Ya que hablamos de humor, tal vez la frase apropiada para el momento sea una expresión francesa: Reculer por mieux sauter (Esperar el mejor momento).
En 'El viaje del elefante', el humor es gozoso. De la estirpe de Cervantes y Fellini. Después de la enfermedad, ¿podríamos hablar de un tercer Saramago, de una especie de catarsis?
Quizá se pueda decir eso. Salí del hospital y me senté a trabajar. No podía con mi alma. Y los dos primeros días después de salir me dediqué a la corrección de lo que había escrito antes, unas cuarenta páginas. Y al tercer día ya estaba avanzando en El viaje del elefante. Ésa es una situación en la que tiene cierta lógica que uno se pregunte: ¿quién está haciendo esto por mí? Porque en principio no podrías. ¿Cómo vas a poder escribir en esas condiciones? Lo hacemos, pero nos parece tan sorprendente que hayamos podido hacerlo. Mi relación con este libro es ésta: ¿cómo es posible que lo haya podido hacer?
Samuel Beckett hablaba de una "extraña obligación" en ese seguir adelante...
Yo había escrito 40 páginas de El viaje del elefante en 2007. La pauta ya estaba marcada. Tenía un punto de partida, unos datos históricos mínimos. El empeño del rey portugués João III de regalar a su primo el archiduque de Austria un elefante hindú que llevaba dos años en Lisboa, y la aventura que supone trasladar en comitiva ese animal hasta Viena. Hay una frase en el pórtico de la novela que pertenece al Libro de los itinerarios: "Siempre llegamos al sitio donde nos esperan". Tal vez ése es el secreto. Para mí escribir es también una función vital. También para mí es un viaje. Bueno, el caso es que sale algo que es, pero podría no ser. La composición de este libro es extraña. En el fondo yo no sé nada de este libro.
Si lo dijese otro autor me parecería una 'boutade'. A usted le creo.
¿Quién, en realidad, está narrando? No tengo ninguna respuesta. La asociación de ideas tiene para mi trabajo una importancia que no he podido calibrar. Me fío mucho de la asociación de ideas. Yo siempre he negado la existencia del narrador. Los estudiosos me decían: "¡Usted está equivocado!". Y yo les ponía un ejemplo: ¿dónde está el narrador en una obra de teatro? Cuando me puse a escribir esta historia, me dije: ¿queréis un narrador?, ¡pues aquí estoy! Así que estoy contando la historia como quien está sentado en la cocina de mi pueblo contando una historia. Y aquí podríamos decir el refrán: "A quien cuenta un cuento siempre le crece el cuento". Por lo demás, el libro es un homenaje a la lengua portuguesa.
Capítulo III
"Siempre he intentado vivir en una
torre de marfil, pero una marea
de mierda no deja de golpear sus
muros y amenaza con tirarla abajo"
torre de marfil, pero una marea
de mierda no deja de golpear sus
muros y amenaza con tirarla abajo"
(Gustavo Flaubert)
García Márquez decía recientemente que "sufría como un perro" cuando leía la prensa. ¿Usted también está enojado con el periodismo de hoy?
Creo que Gabo dramatiza y yo ya no dramatizo nada. Tal vez es verdad que hay una cierta rebaja en la calidad de los escritos. Pero depende. ¿Cómo podemos decir que el periodismo de ahora es peor que el de antes? Pienso en Portugal, en España, con las dictaduras, cuando la información era intoxicación, y entonces, ya no sufro. Ni como un perro ni como nada.
No hace periodismo de redacción, pero vuelve a estar en primera línea. Un premio Nobel, un autor célebre, va y abre un sencillo 'blog' en la Red, 'Cuaderno de Saramago' (en portugués y castellano), como un aprendiz. Sus libros obtienen las mejores críticas en los principales medios de Estados Unidos, como 'The Washington Post' o 'New Yorker', sin importarles su posición política. Están en las librerías de todos los continentes. Podría publicar en los grandes medios de opinión. ¿Por qué ese 'blog'? ¿Por disidencia?
Quizás es esa novedad de volver a empezar. Escribir sin ningún condicionamiento. Los medios te pagarían, claro está. Pero mira, ha ganado Obama, me felicito, y a continuación escribo un artículo en el que pido sin medias tintas el cierre de Guantánamo y el cese del bloqueo económico a Cuba. Y así, sobre lo que se me ocurre. En realidad, el sistema acaba por integrarte. En el fondo no eres más que una guinda en el pastel. Te toleran. Se ríen de ti. ¡Cosas de Saramago!
Lo que usted llama guindas pueden ser espacios de resistencia. Por lo que parece, el ridículo lo está haciendo el sistema. En un texto sobre Marcos Ana (en prisión franquista desde 1939 a 1961) usted hablaba de derrotar el cinismo, la indiferencia y la cobardía. Por supuesto. Para nada soy cínico. Lo que digo es que soy por definición muy escéptico. No es bueno, ya lo sé. Me gustaría entusiasmarme, pero no lo consigo. Hay una grave crisis, pero los ciudadanos no tenemos mecanismos para influir. Pero, por lo menos, deberían decir la verdad. Fíjese usted, António Guterres, cuando era primer ministro, declaró en una entrevista: "La política es el arte de no decir la verdad". ¡Y nadie se levantó para protestar! Aunque no queramos, a los ciudadanos nos arrastra la corriente. O la estampida. Ahora bien, hay que decir: no estoy de acuerdo. El escepticismo no es resignación. Yo nunca me resignaré. Cada vez me siento más como un comunista libertario. Hay tres preguntas que no podemos dejar de hacernos en la vida: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para quién?
¿Usted nunca se vendió? Quiero decir, ¿no tiene la sensación de haberse vendido nunca, por ejemplo, para un premio? No. Nunca me he vendido. No me he vendido. Ni material, ni simbólicamente. El Premio Nobel consagra algo que ya estaba ahí. En la, digamos, clase literaria hay una serie de gente que no me soporta.
¿Por qué existen estos odios entre escritores, a veces más intensos cuanto más vecinos? Eso que decía Jean Chapelain: "El escritor no lee a sus colegas, los vigila". Para mí resultan inexplicables. No sé. No creo que se trate de la persona, no creo haber dado motivos. Tal vez no se soporta eso que llaman el éxito, o la fama, el Nobel... Cuando yo aparecí en los años ochenta, el panorama literario estaba organizado, completo, cada uno en su
lugar. Y si había envidias, pues también estaban en su lugar. Yo no estaba previsto.
lugar. Y si había envidias, pues también estaban en su lugar. Yo no estaba previsto.
Manuel Vicent dice que en la cultura habita lo mejor y lo peor de la humanidad. En mi caso, creo que algunos simplemente se sintieron amenazados en su lugar. Pero lo que nadie puede decir es que haya escrito un libro malo.
Con odios o sin odios, no creo que tenga que preocuparse ya por los duelos en los salones literarios. Cuando me dieron la noticia del Premio Nobel estaba en la feria de Francfort. Di una rueda de prensa y dije: "Yo no he nacido para esto, pero esto me fue dado". Es verdad. No he nacido para esto. No nací para esto ni para aquello. Nadie puede decir que nadie nació para esto. [Al fin, sonríe] Tampoco Obama nació para ser presidente.
En sus obras hay personajes inolvidables, fascinantes, que pertenecen a la realidad inteligente. ¿No me diga que no se enamoró de Blimunda, la de 'Memorial del convento'? Blimunda... ¡Sería mucha mujer para mí! Aunque es sencilla. Tal vez la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera... Sí, tal vez ella.
Da la impresión de que, en la realidad, ha sido más amigo de las mujeres que de los hombres. Sí. Eso es verdad.
Hubo un tiempo en que se propagó que había elegido el exilio. Un exilio español. Y es verdad que tiene un hogar en la isla, en Lanzarote. Pero no parece usted un autoexiliado. Cuando estoy allá, también estoy aquí. Nunca me he ido. Expresé mi protesta a un Gobierno conservador por la actitud censora que tuvo con El Evangelio según Jesucristo. Y he criticado otras cosas de Portugal. Y de España también. Y de este mundo, que para tantos tiene la forma del infierno. Pero, ¿qué sería de un escritor sin la libertad de palabra?
Da la impresión de que su imagen en Portugal ha cambiado mucho en los últimos tiempos, de que es más querido, menos polémico, incluso para aquellos que mantienen opiniones políticas contrapuestas. Ya sé que no le gustan las grandilocuencias, pero digamos que es respetado por todos como un héroe portugués. Es verdad. Noto menos rechazo. Y un proceso de reencuentro, después de malentendidos. En fin. También hay gente que antes decía: "Es bueno, pero es comunista". Y ahora dice: "Es comunista, pero es bueno".
Pronto habrá una gran sede de la Fundación Saramago. Y en un lugar muy especial de Lisboa. La Casa dos Bicos, al pie de la Alfama. Eso sí que es un reencuentro. Sí. Es un edificio que cede la cámara municipal por 10 años. Constituye un gran reto. Tiene que ser una factoría creativa. La Casa dos Bicos fue construida en el siglo XVI, inspirada en el italiano Palacio de los Diamantes. En el siglo XX fue almacén de bacalao. La zona, en la Ribeira Velha, es muy popular. Una maravilla. Te voy a decir algo muy importante para mí. Llega un momento en que te crees que tal vez no es una utopía que te den el Nobel. Tu nombre empieza a ser barajado, junto a otros. Van pasando los años. El nombre se repite. Y piensas: bueno, pues, ¿por qué no? Tal vez me den el Nobel. Pero nunca, nunca, jamás soñé que la Casa dos Bicos pudiese ser sede de una fundación llamada José Saramago. ¡Las veces que pasé por delante desde niño! Soy poco expresivo, pero, a veces, sólo con pensarlo tiemblo de emoción con todo el cuerpo, de arriba abajo.
Capítulo IV
"El instante en que ya no sea
más que un escritor habré
dejado de ser un escritor"
(Albert Camus)
más que un escritor habré
dejado de ser un escritor"
(Albert Camus)
Eduardo Lorenço habla de Saramago como "la mano izquierda de Dios". Es ateo, pero crece empapado de cultura cristiana. ¿Para el erotismo, para el amor, ha tenido que luchar mucho contra el pecado? No. Cuando escribí El Evangelio según Jesucristo, que tuvo las consecuencias que sabemos, en el discurso de agradecimiento al jurado le puse un título que era El derecho al pecado. Uno de los grandes inventos de la Iglesia católica ha sido inventar el pecado, y después de inventar el pecado, inventar un instrumento de control de la gente. ¿Quién ha decidido lo que es pecado y lo que no lo es? Gran parte de la historia es un absurdo. Y la historia oficial, en la que la Iglesia ha tenido tanto que ver, es una sucesión de disparates. Pensemos en los muertos por la Inquisición. Incluso, en un grado menor, lo que ocurrió con el gran Camões. Tuvo que defender cada uno de sus versos para obtener el plácet del Santo Oficio. Escribí una obra de teatro sobre ese caso, Que farei com este livro?, que refleja el estado de permanente vigilia, peligro y prohibición en que ha vivido la literatura en nuestros países.
¿Qué ha significado para José Saramago su compromiso como comunista? Actualmente no tengo otra militancia que no sea la militancia indirecta de lo que escribo. Pero la participación política me ha dado algo muy importante. Un sentimiento solidario muy fuerte, la conciencia de tomar parte en una lucha por la humanidad, con todas las sombras históricas que esa lucha ha tenido. En estos asuntos es muy importante la memoria colectiva, pero también la personal. Recuerdo siempre a un camarada con el que yo trabajaba y que fue preso por la policía política. Lo sometieron a la tortura del sueño, la privación del sueño, durante dos semanas. En ese estado no me denunció, no habló, no dijo de mí ni una palabra. Asoció eso a la integridad humana. Ha habido mucha gente así sin esperar nada a cambio. No puedo imaginarme fuera del partido. Hace unos años, después de la revolución, Álvaro Cunhal (líder comunista portugués) tuvo que someterse a una grave operación y antes escribió unas cuantas cartas dirigidas a militantes del partido, cartas que podían ser entregadas a los destinatarios en el caso de que muriesen. No se murió entonces, las cartas han sido destruidas, pero yo sé que en la carta que me estaba destinada, Cunhal decía que estaba seguro de que yo no abandonaría el partido. Y tenía razón. Y la va a tener mientras yo viva.
Pero los partidos comunistas en Europa son una especie en extinción... En Portugal creo que no existe ese riesgo que menciona. El PCP tiene una base real. Todos lo demás han pasado por operaciones de cosmética, de nombre, de siglas. Y lo peor para ellos es que no están mejor por eso, por haber tratado de hacer ese transformismo.
Ha habido gente que le ha descalificado por esa fidelidad, interpretándolo como un rasgo estalinista. ¿Quién sería Saramago en la Rusia estalinista? Un hombre que tendría todos los problemas. Un régimen que había hecho de la subordinación del ciudadano un principio, pues estaba condenado a lo que ocurrió. La decadencia en todos los aspectos de la Unión Soviética fue debida a la separación entre el partido y el pueblo.
¿Por qué cree que es tan criticado, tanto en España como en Portugal, cuando habla de iberismo? Es delicado tocar ese asunto porque nos lleva al campo de los instintos, de las pasiones, y ahí no nos ponemos de acuerdo. Hay patriotas que no pueden ni oír la palabra España, porque tienen esa idea, esa experiencia histórica, de que de España siempre va a venir algo malo. Portugal está ahogado. Y España también, enredada en su propia noria, con asuntos que parecen eternizarse y que no se resuelven. Pero España tiene ya una experiencia de diversidad, con las autonomías, que puede servir para llegar con serenidad a fórmulas unitarias entre los dos Estados. España y Portugal necesitan ambas una convulsión positiva. Sé que esta opinión levanta ampollas, pero lo planteo con honestidad intelectual. Contribuiría a un multilateralismo ibérico. Por supuesto, respetando las culturas y las lenguas. Se enriquecería la situación de Iberia. Y también tendría un efecto positivo en Europa.
¿Significa algo que España y Portugal tengan un Gobierno de izquierda? No nos engañemos. Es cierto que tenemos en un lado y otro Gobiernos de izquierda, pero de una izquierda que no se nota mucho. A lo mejor no pueden hacer otra cosa. ¿Qué pasaría en Europa si se decantaran más hacia la izquierda? Hombre, no tenemos un Arias Navarro para decir: ¡Vamos a invadir Portugal! Hay que arrumbar de una vez esa idea, que tuvo justificación con Franco, una dictadura mucho más cruel que la nuestra, que hasta le hizo decir a los integristas portugueses: "Espanha, terra perigosa". El problema es que las izquierdas en Europa están casi desaparecidas. Por ejemplo, ¿qué hay en España con referencias intelectuales? Medianías. Están dejando solo al juez Garzón. Yo lo que veo son medianías.
José Saramago- Sofía Moro
© Diario EL PAÍS S.L. -
miércoles, 19 de noviembre de 2008
ALONSO CUETO PUBLICA SUEÑOS REALES
LIMA, 18 de Noviembre del 2008
Foto
: Pável Ugaz Dato
Alonso Cueto obtuvo el Premio Viracocha por El tigre blanco (1985) y el Premio Herralde por La hora azul. Hace poco un cuento suyo ha aparecido en el conjunto de relatos Hombre lobo, publicado en España bajo el sello 451 editores.
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ALONSO CUETO PUBLICA SUEÑOS REALESMentiras verdaderasAlonso Cueto es, además de un novelista reconocido, un lector apasionado. Una prueba de ello es Sueños reales (Seix Barral, 2008), un libro en el que reúne una serie de ensayos sobre aquellos autores que han dejado huella.
Carlos M. Sotomayor
Correo: ¿Cómo se va gestando el libro?
Alonso Cueto: Es un libro que se ha ido escribiendo a lo largo de varios años, sobre autores que me han apasionado a lo largo de mi vida y que son autores a los que siempre de alguna manera les he sido fiel. Escribir estos ensayos ha sido en el fondo dar cuenta de una de las pasiones de mi vida. Creo que la única razón por las que uno escribe es para compartir pasiones con otros.
C: ¿Por qué Sueños reales?
AC: Uno no puede vivir sin historias, uno no puede entender la vida sin historias. Las historias son esenciales y son un instinto natural en todos nosotros. Y una de las pruebas de esto que digo es que todas las noches soñamos dos o tres historias, que nos contamos a nosotros mismos. Es decir, los sueños son en el fondo historias que nos contamos. Es curioso que al igual que los sueños cuando se lee un gran libro uno siente que lo que se está leyendo es real. Así como cuando tú sueñas y piensas que lo que estás soñando es verdadero. De algún modo la literatura es eso, un gran sueño compartido.
C: ¿De alguna manera en la elección de los autores comentados puede vislumbrarse tu particular visión de la literatura?
AC: Sí, yo creo que una gran obra literaria es aquella cuyos personajes son seres complejos, contradictorios, que no pueden ser definidos fácilmente, que no pueden ser agotados. Son personajes que tienen una serie de conflictos y dilemas interiores. Nunca me han interesado los personajes unidimensionales, los fanáticos que tienen una sola línea. Y la otra característica que me parece que por lo general tiene una gran obra literaria es la calidad de la historia, la capacidad de ésta de enrumbarte en un camino donde haya juegos con la intriga, expectativa por el desenlace. En ese sentido tengo una visión más bien tradicional y clásica de la literatura.
C: Uno de los que aparecen en el libro es Henry James, uno de tus autores predilectos. ¿Cómo surge tu admiración por él?
AC: Nace porque cuando yo tenía 22 años llegué a España y un amigo que conocí me prestó Los papeles de Aspern, que me acuerdo estaba en una edición pequeña de Tusquets. Y recuerdo que lo leí en una sola noche. Y me sentí tan seducido por ese mundo, porque creo que un autor hace un pacto con algunos lectores en especial. Creo que el gran tema de James es el de la soledad. Y de alguna manera, como yo recién había llegado a España y me sentía tan aislado y solitario, la lectura de James me sirvió para compartir esa visión de los solitarios, de los aislados. Se creó un pacto muy especial.
C: Otro autor del que escribes es el japonés Murakami...
AC: Me interesa Murakami porque es un escritor que tiene pasión por contar historias, pero son historias que de alguna manera se frustran, se truncan, se resuelven en sí mismas, no concluyen y quedan como en una especie de nebulosa de la acción. Es un autor de atmósferas. Especialmente me gusta un libro: Al sur de la frontera, al oeste del sol.
C: Siempre has evidenciado ser un lector apasionado, atento a lo que se está produciendo.
AC: Yo creo que hay grandes autores que están en actividad. Y uno de ellos es Phillip Roth. Creo que el autor norteamericano que sigue escribiendo libros cada vez más notables es Philip Roth. Otro de ellos es Cormac McCarthy, quien también es un autor prodigioso. Y en Europa también, por ejemplo, el holandés Cees Nootebbom. Y claro, también hay libros que se descubren como Vida y destino de Vasili Grossman. Y es un éxito comercial, siendo un libro denso y largo.
Título: Sueños reales
Autora: Alonso Cueto
Editorial: Seix Barral
© 2004 - 2005 DIARIO CORREO
Foto
: Pável Ugaz DatoAlonso Cueto obtuvo el Premio Viracocha por El tigre blanco (1985) y el Premio Herralde por La hora azul. Hace poco un cuento suyo ha aparecido en el conjunto de relatos Hombre lobo, publicado en España bajo el sello 451 editores.
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ALONSO CUETO PUBLICA SUEÑOS REALESMentiras verdaderasAlonso Cueto es, además de un novelista reconocido, un lector apasionado. Una prueba de ello es Sueños reales (Seix Barral, 2008), un libro en el que reúne una serie de ensayos sobre aquellos autores que han dejado huella.
Carlos M. Sotomayor
Correo: ¿Cómo se va gestando el libro?
Alonso Cueto: Es un libro que se ha ido escribiendo a lo largo de varios años, sobre autores que me han apasionado a lo largo de mi vida y que son autores a los que siempre de alguna manera les he sido fiel. Escribir estos ensayos ha sido en el fondo dar cuenta de una de las pasiones de mi vida. Creo que la única razón por las que uno escribe es para compartir pasiones con otros.
C: ¿Por qué Sueños reales?
AC: Uno no puede vivir sin historias, uno no puede entender la vida sin historias. Las historias son esenciales y son un instinto natural en todos nosotros. Y una de las pruebas de esto que digo es que todas las noches soñamos dos o tres historias, que nos contamos a nosotros mismos. Es decir, los sueños son en el fondo historias que nos contamos. Es curioso que al igual que los sueños cuando se lee un gran libro uno siente que lo que se está leyendo es real. Así como cuando tú sueñas y piensas que lo que estás soñando es verdadero. De algún modo la literatura es eso, un gran sueño compartido.
C: ¿De alguna manera en la elección de los autores comentados puede vislumbrarse tu particular visión de la literatura?
AC: Sí, yo creo que una gran obra literaria es aquella cuyos personajes son seres complejos, contradictorios, que no pueden ser definidos fácilmente, que no pueden ser agotados. Son personajes que tienen una serie de conflictos y dilemas interiores. Nunca me han interesado los personajes unidimensionales, los fanáticos que tienen una sola línea. Y la otra característica que me parece que por lo general tiene una gran obra literaria es la calidad de la historia, la capacidad de ésta de enrumbarte en un camino donde haya juegos con la intriga, expectativa por el desenlace. En ese sentido tengo una visión más bien tradicional y clásica de la literatura.
C: Uno de los que aparecen en el libro es Henry James, uno de tus autores predilectos. ¿Cómo surge tu admiración por él?
AC: Nace porque cuando yo tenía 22 años llegué a España y un amigo que conocí me prestó Los papeles de Aspern, que me acuerdo estaba en una edición pequeña de Tusquets. Y recuerdo que lo leí en una sola noche. Y me sentí tan seducido por ese mundo, porque creo que un autor hace un pacto con algunos lectores en especial. Creo que el gran tema de James es el de la soledad. Y de alguna manera, como yo recién había llegado a España y me sentía tan aislado y solitario, la lectura de James me sirvió para compartir esa visión de los solitarios, de los aislados. Se creó un pacto muy especial.
C: Otro autor del que escribes es el japonés Murakami...
AC: Me interesa Murakami porque es un escritor que tiene pasión por contar historias, pero son historias que de alguna manera se frustran, se truncan, se resuelven en sí mismas, no concluyen y quedan como en una especie de nebulosa de la acción. Es un autor de atmósferas. Especialmente me gusta un libro: Al sur de la frontera, al oeste del sol.
C: Siempre has evidenciado ser un lector apasionado, atento a lo que se está produciendo.
AC: Yo creo que hay grandes autores que están en actividad. Y uno de ellos es Phillip Roth. Creo que el autor norteamericano que sigue escribiendo libros cada vez más notables es Philip Roth. Otro de ellos es Cormac McCarthy, quien también es un autor prodigioso. Y en Europa también, por ejemplo, el holandés Cees Nootebbom. Y claro, también hay libros que se descubren como Vida y destino de Vasili Grossman. Y es un éxito comercial, siendo un libro denso y largo.
Título: Sueños reales
Autora: Alonso Cueto
Editorial: Seix Barral
© 2004 - 2005 DIARIO CORREO
lunes, 17 de noviembre de 2008
La partida de Laura Riesco
Lunes, 17 de noviembre de 2008
LETRAS. De luto
La partida de Laura Riesco
ESCRITORA PERUANA, AUTORA DE "XIMENA DE DOS CAMINOS", FALLECIÓ A LOS 68 AÑOS ELLA RADICABA EN EE.UU. DESDE 1959
Laura Riesco (1940-2008), cuya segunda novela, "Ximena de dos caminos" (Peisa, 1994), la convirtió en una de las escritoras peruanas más elogiadas por la crítica tanto nacional como internacional, falleció el viernes 14 de noviembre. Natural de La Oroya, la escritora tejió una historia en la que una niña que vive en un centro minero muestra a través de su mirada las diferencias insalvables existentes en ese Perú fragmentado.
Con esa novela, Riesco ganó el Premio Latino de Narrativa en Nueva York (1995) y un lugar importante en la narrativa nacional. "Nos recuerda que las muchachas tímidas pueden, si quieren, escribir cosas desfachatadas", escribió Antonio Cisneros. Más entusiasta fue el crítico Ricardo González Vigil: "Nos parece la novela más profunda y hermosa que haya escrito mujer peruana alguna hasta el momento".
Desde su aparición en las letras peruanas con "El truco de los ojos" (1978), Riesco había demostrado que la literatura en su vida era un terreno serio. Pasaron 16 años para que diera a conocer su nueva obra: "Ximena de dos caminos". Ya para entonces estaba radicada en Estados Unidos, país adonde había llegado en 1959.
"No vine a EE.UU. con el propósito de estudiar una carrera, ni de mejorar mi situación económica. Las razones eran personales y, la verdad, tenían más bien rasgos de telenovela.
En todo caso, se suponía que me iba a quedar un año para sentar cabeza y esfumar de mi mente las nociones quijotescas que nublaban mi buen sentido en la adolescencia", escribió la entonces profesora de la Universidad de Maine.
Laura Riesco nos deja, pero permanecen sus novelas y relatos, su vida misma plasmada magistralmente en el papel.
© Empresa Editora El Comercio. Jr. Miró Quesada #300 Lima 1 – Perú
LETRAS. De luto
La partida de Laura Riesco
ESCRITORA PERUANA, AUTORA DE "XIMENA DE DOS CAMINOS", FALLECIÓ A LOS 68 AÑOS ELLA RADICABA EN EE.UU. DESDE 1959
Laura Riesco (1940-2008), cuya segunda novela, "Ximena de dos caminos" (Peisa, 1994), la convirtió en una de las escritoras peruanas más elogiadas por la crítica tanto nacional como internacional, falleció el viernes 14 de noviembre. Natural de La Oroya, la escritora tejió una historia en la que una niña que vive en un centro minero muestra a través de su mirada las diferencias insalvables existentes en ese Perú fragmentado.
Con esa novela, Riesco ganó el Premio Latino de Narrativa en Nueva York (1995) y un lugar importante en la narrativa nacional. "Nos recuerda que las muchachas tímidas pueden, si quieren, escribir cosas desfachatadas", escribió Antonio Cisneros. Más entusiasta fue el crítico Ricardo González Vigil: "Nos parece la novela más profunda y hermosa que haya escrito mujer peruana alguna hasta el momento".
Desde su aparición en las letras peruanas con "El truco de los ojos" (1978), Riesco había demostrado que la literatura en su vida era un terreno serio. Pasaron 16 años para que diera a conocer su nueva obra: "Ximena de dos caminos". Ya para entonces estaba radicada en Estados Unidos, país adonde había llegado en 1959.
"No vine a EE.UU. con el propósito de estudiar una carrera, ni de mejorar mi situación económica. Las razones eran personales y, la verdad, tenían más bien rasgos de telenovela.
En todo caso, se suponía que me iba a quedar un año para sentar cabeza y esfumar de mi mente las nociones quijotescas que nublaban mi buen sentido en la adolescencia", escribió la entonces profesora de la Universidad de Maine.
Laura Riesco nos deja, pero permanecen sus novelas y relatos, su vida misma plasmada magistralmente en el papel.
© Empresa Editora El Comercio. Jr. Miró Quesada #300 Lima 1 – Perú
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