sábado, 16 de mayo de 2009

La Agonía del Libro



 













Queridos amigos:
 
Como ustedes saben, el libro es, al mismo tiempo, un vehículo de cultura y una mercancía.
 
Pero, ¿qué sucede cuando estas funciones chocan una contra la otra?
 
Sobre eso queremos hablar hoy, y de qué modo, la víctima es nuestro patrimonio literario.
 
En esta entrega, ustedes reciben:
  • Un comentario mío sobre lo que ocurre cuando el libro es sólo mercancía y va perdiendo su función cultural.
  • El recordatorio de los dos tomos de mi libro: "Historia ecológica de Iberoamérica".
  • La obra de arte que acompaña esta entrega muestra una especie en extinción:  es "Bibliófilos", del pintor costumbrista sevillanoJosé Jiménez Aranda (1837-1903).
Un gran abrazo a todos.
 
Antonio Elio Brailovsky
 
José Jiménez Aranda: "Bibliófilos"
 

 
La agonía del libro
 
Por Antonio Elio Brailovsky
 
Hace muchos años, un joven llamado Neftalí decidió escribir versos. El sopapo que le propinó su padre por dedicarse a ese oficio de maricones lo disuadió, no de la poesía, sino de publicarla con su nombre.
 
Así, Neftalí Reyes eligió el seudónimo con el que todos lo conocemos: se llamaría Pablo Neruda.
 
Hoy Neftalí encontraría otros problemas: nadie quiere publicar poesía. No se imprimirían los poemas de Neftalí y simplemente se perderían para siempre. Y si existe otro Neruda escribiendo en las sombras, tal vez no lleguemos a conocerlo nunca.
 
En un modelo editorial volcado al mercado, alguien decidió hace unos cuantos años que el mercado no absorbería poesía y este género literario dejó de editarse. De este modo, no sólo estamos impidiendo que se conozcan los nuevos poetas.
 
Neftalí Reyes eligió ser Pablño Neruda porque se inspiró leyendo los poemas del checo Jan Neruda, por quien sentía una gran admiración. ¿Encontraría hay Neftalí una versión castellana de los poemas de Jan Neruda? ¿Alguna mano piadosa los habrá colgado de esa abigarrada confusión que llamamos Internet?
 
Al dejar de publicar poesía estamos rompiendo una línea de continuidad iniciada mucho antes del nacimiento del idioma castellano, con las poesías amorosas del romano Ovidio, cuyo tono erótico no pudo soportar el emperador Augusto, y por eso lo desterró a un sitio infame.
 
Hace casi dos mil años que leemos a Ovidio, a quien no pudo destruir la represión de su mojigato emperador. Primero lo leímos en tablillas de cera, después en pergaminos y más tarde en letra impresa. Mientras tanto, los poetas nuevos quedan sujetos al efímero destino de un blog electrónico.
 
La continuidad de una cultura significa que unos artistas van inspirándose en los anteriores, por supuesto que si tienen oportunidad de conocerlos.
 
Acaba de terminar en Buenos Aires una de las Ferias del Libro abiertas al público más importantes del mundo, y todos los comentarios se refieren a sus aspectos comerciales. Nos preocupamos mucho menos de lo que ocurre con la promoción de la cultura.
 
Pero el mercado no siempre es el mejor regulador de todas las cosas. Por influjo del mercado, la poesía dejó de ser rentable. Poco después, el cuento siguió el mismo destino. Si hoy llegaran con su carpeta a una editorial, sin que nadie los conociera, ¿publicarían sus cuentos Horacio Quiroga y Jorge Luis Borges? ¿O se perderían sus obras para siempre?
 
Este año, en medio de la gran fiesta del libro, el mercado dio otra vuelta de tuerca. Me informan que varias editoriales están reduciendo la edición de novelas.
 
-Es un año de crisis y en época de crisis las novelas no venden poco -me dicen- Vamos a vender muchos libros de autoayuda.
 
De modo que empecé a preguntar qué destino tendrían algunas grandes obras de la literatura universal si sus autores fueran noveles en vez de famosos:
 
-¿Publicarías el "Ulises", de James Joyce, si el autor fuera desconocido? -pregunto.
-No -me contestan- es demasiado difícil de leer.
 
-¿Publicarías "En busca del tiempo perdido", deMarcel Proust?
-No, es demasiado largo. Me cuesta mucho vender un libro de más de 200 páginas.
 
-¿Publicarías "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, si nadie conociera al autor?
-No, es demasiado complicado. Vendemos mejor los libros sencillos.
 
No sé si será cierto, y en el marco de este comentario tal vez tenga poca importancia. Lo que sí es cierto es que someter la cultura exclusivamente a las reglas del mercado está dañando severamente nuestro patrimonio literario.
 
En un contexto en el cual cada uno de los actores destaca las responsabilidades de los otros, el libro se transforma en un objeto descartable. El mercado (metáfora que habla de las acciones de muchos seres humanos concretos) está tratando a los libros como si fueran revistas, con una vida útil cada vez más reducida. Para realizar ganancias (o solamente para sobrevivir) hay que editar continuamente nuevos libros que desplacen a los anteriores. Para resguardarse de la crisis, hay que reducir la tirada y subir el precio.
 
En consecuencia, el público compra menos. La respuesta de los organizadores de la Feria no es promocionar la lectura sino reducir la presencia de un público que mira los libros como objetos de lujo.
 
Los libros que sobran a menudo se destruyen en vez de enviarlos a las mesas de saldos, para evitar que el libro barato compita con el libro caro que acaba de editarse.
 
¿Queda acaso el resquicio de las ediciones de autor?
 
No, de veras que no. Acabo de hablar con libreros, que me dicen:
 
-El espacio que tengo en las mesas no es infinito. Lo libros que llegan de las editoriales que trabajan con ediciones de autor se quedan en el depósito sin abrir los paquetes.
 
-¿Y si alguien los pide? -pregunto.
 
-Les tengo que decir que está agotado -me contestan-. Si bajo al depósito para abrir los paquetes, descuido el local y me roban los libros.
 
Podemos seguir indefinidamente con el anecdotario, pero lo importante ya está dicho: más allá de las mejores intenciones de cada uno de los actores sociales involucrados, la exclusividad del mercado está produciendo graves daños en nuestro patrimonio literario. Se edita una fracción ínfima de los libros que se escriben y el criterio de selección no tiene que ver con la calidad sino con las expectativas de venta. Estas variables no necesariamente coinciden, como se ve con las ventas de los libros de autoayuda.
 
Nos preocupamos por el patrimonio arquitectónico y salvamos de la demolición a aquellas obras emblemáticas que el mercado inmobiliario quiere transformar en centros comerciales o en torres de departamentos. También creamos parques nacionales y reservas naturales para proteger nuestro patrimonio natural, cuando el mercado quiere arrasar los bosques o transformar nuestra fauna en tapados de piel.
 
Pero aún no estamos haciendo nada por salvar el patrimonio literario que todos los días se redacta y que se va perdiendo por falta de políticas públicas de protección.
 
Existen editoriales estatales en Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Cuba. Uruguay firma convenios internacionales para promocionar en el exterior los libros de sus editoriales estatales. Las hay en los diferentes Estados de México y además está su enorme Fondo de Cultura Económica. En Venezuela hay varias, como  la muy importante Monte Ávila, el Perro y la Rana y la Colección Ayacucho. Estas editoriales tratan de publicar aquellas obras valiosas que no encuentran un lugar en el mercado. En un reciente debate en ese país, se planteó el desafío que significaba para el sector privado el competir con los precios bajos de las editoriales estatales. Es decir, que tenían que encontrar formas imaginativas de llegar al público con precios menores, en  vez de la fácil solución de aumentarlos indefinidamente.
 
Se trata de una alternativa. Sin duda que hay otras posibles, como contratos de edición por parte de organismos públicos o una red de librerías estatales, como la que tuvo hace tiempo la Editorial Universitaria de Buenos Aires. Lo que realmente importa es recordar que el libro no puede ser vehículo de cultura si no hay políticas públicas al respecto. 
 
Me llama la atención el que no estemos analizando propuestas sobre el tema. Y no me refiero solamente a los que ocupan cargos de gobierno. En estos días hay elecciones en la Argentina. Se presentan varios miles de candidatos para ocupar cargos electivos y todavía no conocemos la propuesta cultural de ninguno de ellos. Tanto el Gobierno como la oposición han olvidado que su función es discutir políticas públicas, no solamente candidaturas. ¿Los ciudadanos tendrán la energía necesaria para recordárselo?
 

¿PARA QUÉ LA CARNICERÍA EN GAZA?


Guerras asimétricas

Por: Helmut Dahmer Filósofo

En pleno bombardeo en Gaza una anciana alemana me preguntó: “¿Qué le parece tal guerra? ¿Está usted a favor de los israelíes o de los árabes?” Mi respuesta inmediata fue: “No me pongo del lado de naciones, etnias ni religiones: solo puedo estar a favor de individuos que desean vivir, no morir ni ser heridos”. A continuación hice un recuento de las tres semanas de terror, entre diciembre del 2008 y enero del 2009: 1.300 muertos y miles de palestinos heridos, de los que al menos la cuarta parte eran civiles; 13 fallecidos israelíes, la mayoría de ellos soldados sorprendidos por fuego amigo y docenas de heridos. Recordemos que la franja de Gaza está colmada de refugiados palestinos, asistidos por Naciones Unidas.

Tal balance es típico de las llamadas guerras asimétricas, en las que fuerzas armadas modernas equipadas con sofisticada tecnología, numerosos afiliados y reservistas, se enfrentan a enemigos casi invisibles, poseedores de armas precarias y entremezclados con una población, que muestra cierta simpatía hacia ellos, porque luchan por su pueblo. La asimetría de la guerra refleja, asimismo, la disparidad de las condiciones de vida entre las poblaciones. Ambos bandos, los irregulares desprovistos de casi todo y los modernos, vengadores, están profundamente convencidos de que únicamente su grupo libra una batalla justa.

La guerra asimétrica es la clásica guerra colonialista. Por ejemplo, aquella desatada por la Alemania imperial contra los hereros en Namibia en 1904 o la guerra que los británicos iniciaron contra los kikuyus en Kenia en los años cincuenta o las guerras coloniales encabezadas por codiciosos españoles en contra de los aztecas o los incas, que no contaban con armamento de alta tecnología de la época, y por tanto no estaban en condiciones de salvar sus culturas de la destrucción.

Las similitudes entre las guerras coloniales y la carnicería en Gaza no son mera casualidad, puesto que el Estado de Israel, fundado sobre territorio palestino como un paraíso seguro para los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto, es una réplica del asentamiento colonial.

Lamentablemente, no ha sido resuelto ninguno de los problemas que brotan de la implantación de un estado-nación moderno, compuesto por refugiados judíos e inmigrantes, en medio de un entorno árabe atrasado y feudal. La situación se mantiene igual: 1.300 seres humanos han muerto en vano. Los fundamentalistas palestinos que aspiran a demoler el Estado de Israel han quedado fortalecidos, el gobierno laico de Fatah ha sido debilitado y el sueño de los fundamentalistas judíos, que consiste en expulsar a todos los palestinos más allá de las fronteras con Jordania, formará parte de la política del próximo gobierno de Netanyahu y de Lieberman.

Continuarán la colonización interna de Palestina y la ocupación de tierras árabes por colonos israelíes. El rechazo y las reacciones de los árabes moderados irá en escalada. La tragedia del Estado de Israel no se detendrá, ni se vislumbra ninguna solución. El camino está pavimentado para nuevos conflictos y guerras.

 

© Empresa Editora El Comercio. Jr. Miró Quesada #300 Lima 1 – Perú

GRIPE AVIAR / GRIPE PORCINA / GRIPE...


No sé nada del asunto. Y la experiencia directa de haber convivido con cerdos en la infancia y en la adolescencia no me sirve de nada. Aquello era más una familia híbrida de humanos y animales que otra cosa. Pero leo con atención los periódicos, oigo y veo los reportajes de radio y televisión, y, gracias a alguna lectura providencial que me ha ayudado a comprender mejor los bastidores de las causas primeras de la anunciada pandemia, tal vez pueda traer aquí algún dato que aclare a su vez al lector. 

Hace mucho tiempo que los especialistas en virología están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la “deriva” estacional como del episódico “intercambio” genómico. 

Hace ya seis años que la revista Science publicaba un artículo importante en que mostraba que, tras años de estabilidad, el virus de la gripe aviar de América del Norte había dado un salto evolutivo vertiginoso. La industrialización, por grandes empresas, de la producción pecuaria rompió lo que hasta entonces había sido el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. 

En las últimas décadas, el sector pecuario se transformó en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la bucólica finca familiar que los libros de texto en la escuela se complacen en describir… En 1966, por ejemplo, se contaban en Estados Unidos 53 millones de cerdos distribuidos en un millón de granjas. Actualmente, 65 millones de puercos se concentran en 65.000 instalaciones. Eso significa pasar de las antiguas pocilgas a los ciclópicos infiernos fecales de hoy, en los que, entre el estiercol y bajo un calor sofocante, dispuestos para intercambiar agentes patogénicos a la velocidad del rayo, se amontonan decenas de millones de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios. No será, ciertamente, la única causa, pero no puede ser ignorada. 

El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la “producción animal en granjas industriales, en el que se llamaba la atención para con el grave peligro de que la continua circulación de virus, característica de las enormes varas o rebaños, aumentase las posibilidades de aparición de nuevos virus por procesos de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos”. 

La comisión alertó también de que el uso promiscuo de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos– estaba proporcionando el auge de infecciones estafilocóquicas resistentes, al mismo tiempo que las descargas residuales generaban manifestaciones de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoário que mató a millares de peces en los estuarios de Carolina del Norte y contagió a decenas de pescadores).

Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patogénico tendría que enfrentarse al monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaron con la comisión. Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sudeste asiático, lo más probable es que la epidemiología forense del brote de la gripe porcina choque contra la pétrea muralla de la industria del cerdo. 

Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca un dedo acusador: ya circula en la prensa mexicana el rumor de un epicentro de la gripe situado en una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la Organización Mundial de la Salud, el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente sin discernimiento.

Como se observa, los contagios son mucho más complicados que el hecho de que entre un virus presumiblemente mortal en los pulmones de un ciudadano atrapado en la tela de intereses materiales y la falta de escrúpulos de las grandes empresas. Todo está contagiando todo. La primera muerte, hace ya largo tiempo, fue la de la honradez. Pero ¿podrá, realmente, pedírsele honradez a una transnacional? ¿Quién nos acude?

José Saramago,

Portugal


(Texto tomado de VIRTIN RED INFORMATIVA)

viernes, 15 de mayo de 2009

Los torturadores voluntarios de Bush

ELPAIS.com                                                                                                    

 

Jueves, 14/5/2009

 

TRIBUNA: TZVETAN TODOROV

 

 

Los documentos elaborados por el anterior Gobierno de EE UU son manuales detallados del suplicio y de su autojustificación legal, moral y política. Sus eufemismos no pueden evitar el espanto que provoca leerlos

 

TZVETAN TODOROV 14/05/2009

 

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Los documentos relativos a las prácticas de tortura empleadas en las cárceles de la CIA que el Gobierno de Obama hizo públicos el pasado 16 de abril arrojan una nueva luz sobre esta cuestión: ¿cómo explicarse la facilidad con la que han aceptado la tortura y la han aplicado a sus prisioneros unas personas que actúan en nombre del Gobierno estadounidense?

 

No se abofetea al preso para producirle dolor, sino para sorprenderlo y humillarlo

 

Para esquivar la ley, los interrogatorios deben realizarse fuera del territorio de EE UU

 

Los documentos que se acaban de publicar no revelan los casos de tortura concretos: éstos son de sobra conocidos por todos los que en su día quisieron enterarse. Sin embargo, aportan abundante información sobre la forma en la que se llevaban a cabo las sesiones de tortura y sobre cómo la entendían los agentes que la practicaban.

Lo más sorprendente es descubrir la existencia de una normativa increíblemente meticulosa, formulada en los manuales de la CIA y retomada, a su manera, por los responsables jurídicos del Gobierno de George W. Bush. Hasta ahora era posible imaginar que tales prácticas eran una muestra de lo que se suele denominar "atropellos", infracciones involuntarias de las normas provocadas por la urgencia del momento. Por el contrario, lo que se percibe en los documentos recién conocidos es que se trata de unos procedimientos pautados hasta en sus menores detalles, al milímetro, perfectamente cronometrados.

Así, las formas de tortura son 10, número que posteriormente será elevado a 13. Se dividen en tres categorías, cada una de ellas con diversos grados de intensidad: preparatorias (desnudez, manipulación de la alimentación, privación del sueño), correctivas (los golpes) y coercitivas (duchas de agua fría, encierro en cajas, suplicio de la bañera).

En el caso de las bofetadas, el interrogador, según estos manuales, debe golpear con los dedos separados, en un punto equidistante entre el extremo de la barbilla y la parte inferior del lóbulo de la oreja.

La ducha de agua fría aplicada al prisionero desnudo puede durar 20 minutos si el agua está a cinco grados, 40 minutos si está a 10 grados, y hasta 60 minutos si está a 15 grados.

La privación del sueño no debe ser superior a 180 horas, pero tras un reposo de ocho horas, se puede recomenzar.

La inmersión en la bañera puede durar hasta 12 segundos, durante un periodo que no debe exceder las dos horas diarias, y ello durante 30 días seguidos (un preso particularmente resistente pasó por este suplicio 183 veces en marzo de 2003).

El encierro en una caja de dimensiones muy reducidas no debe ser superior a dos horas, pero si la caja permite que el prisionero esté de pie, se puede prolongar hasta ocho horas seguidas, 16 por día. Si se introduce un insecto en el interior, no se le debe decir al prisionero que la picadura será dolorosa o incluso mortal.

Y así sucesivamente durante páginas y páginas.

Nos enteramos también por estos documentos de cómo se forma a los torturadores. La mayoría de esas torturas está copiada del programa que siguen los soldados americanos que se preparan para enfrentarse a situaciones extremas (lo que permite a los responsables concluir que se trata de pruebas absolutamente soportables). Y lo que todavía es más importante, se elige a los torturadores entre aquellos que han tenido "una larga experiencia escolar" en este tipo de pruebas extremas; dicho en otras palabras, los propios torturadores han sido torturados en una primera fase de su formación. Tras la cual, un cursillo intensivo de cuatro semanas basta para prepararlos para su nuevo trabajo.

Los socios indispensables de los torturadores son los consejeros jurídicos, cuya labor es garantizar la impunidad legal de sus colegas. Esto constituye otra novedad: la tortura ya no se presenta como una infracción de la norma común, lamentable pero excusable, sino que se convierte en la propia norma legal. En este caso, los juristas recurren a otra serie de técnicas. Para librarse de la ley, los interrogatorios deben realizarse fuera del territorio nacional de Estados Unidos, aunque puedan efectuarse en bases norteamericanas en terceros países.

Tal como se define legalmente, la tortura implica la intención de producir un gran sufrimiento. Se sugerirá, por consiguiente, a los torturadores que nieguen la presencia de esa intención. De tal modo que no se abofetea al preso para producirle dolor, sino para sorprenderlo y humillarlo. En cuanto al objetivo de encerrarlo en una caja de reducidas dimensiones no es provocar un desorden sensorial, sino producirle cierta sensación de incomodidad.

El verdugo debe insistir siempre en su "buena fe", en sus "convicciones sinceras" y en lo razonable de sus premisas. Se han de utilizar sistemáticamente eufemismos: "Técnicas reforzadas", en lugar de tortura; "experto en interrogatorios", en lugar de torturador.

También se evitará dejar huellas físicas, y, por esta razón, se preferirá la destrucción mental a los daños físicos; asimismo, se destruirán inmediatamente las posibles grabaciones o tomas visuales de las sesiones.

Otros colectivos colaboran en la práctica de la tortura: el contagio se extiende allende el limitado círculo de los torturadores. Aparte de los juristas que se encargan de dar legitimidad a sus actividades, en los documentos se menciona sistemáticamente a los psicólogos, a los psiquiatras y a los médicos (obligatoriamente presentes en todas las sesiones), además de a las mujeres (los torturadores son hombres, pero la humillación es aún mayor, más grave, cuando hay mujeres presentes) y a los profesores de universidad que proveen justificaciones morales, legales o filosóficas.

¿A quién debemos considerar hoy responsable de esta perversión de la ley y de los principios morales más elementales?

Los ejecutores voluntarios de la tortura lo son menos que los altos cargos y los magistrados que la justificaron y la fomentaron; y éstos, menos responsables, a su vez, que quienes teniendo el poder de tomar decisiones políticas les pidieron que lo hicieran.

Los Gobiernos extranjeros aliados, sobre todo los europeos, también tienen su parte de responsabilidad: pese a haber estado siempre al corriente de la existencia de estas prácticas y de haberse beneficiado de la información obtenida por estos medios, nunca, ni antes ni ahora, se preocuparon por alzar la más mínima protesta, ni siquiera hicieron el más leve signo de desaprobación. Quien calla otorga. ¿Habría que sentarlos en el banquillo?

En una democracia, la condena de los políticos consiste en privarlos del poder no reeligiéndolos. Y con respecto a los otros profesionales, se esperaría que sean sus iguales quienes les impongan el castigo, pues ¿quién querría ser alumno de semejante profesor, paciente de un médico tal o juzgado por un juez así?

Si se quiere comprender por qué estos valientes estadounidenses aceptaron tan fácilmente convertirse en torturadores, de nada vale intentar encontrar argumentos en el odio o en un miedo ancestral a los musulmanes o a los árabes. No. La situación es mucho más grave.

Lo que nos enseñan los documentos estadounidenses que acaban de hacerse públicos es que, siempre y cuando forme parte de un colectivo y esté respaldado por él, cualquier hombre que obedezca a los nobles principios dictados por el "sentido del deber", por la necesaria "defensa de la patria", o que se deje arrastrar por un temor elemental por la vida y el bienestar de los suyos, puede convertirse en torturador.

 

Tzvetan Todorov, semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa, es premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008. Entre sus últimas obras destacan Los aventureros del absoluto, El espíritu de las luces y La literatura en peligro. Traducción de Pilar Vázquez.


© Diario EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] 

jueves, 30 de abril de 2009

Estado de salud de Mario Benedetti se mantiene estable.

29/04/2009 16:18:36



El poeta uruguayo Mario Benedetti fue internado en un centro hospitalario el pasado viernes debido a una complicación derivada de su enfermedad intestinal.
MONTEVIDEO, Uruguay, abr. 28 (UPI) -- El poeta uruguayo Mario Benedetti fue internado en un centro hospitalario el pasado viernes debido a una complicación derivada de su enfermedad intestinal.
El autor de Gracias por el Fuego y La Tregua está siendo tratado en el Sanatorio Impasa en Montevideo, por una enfermedad inflamatoria crónica del intestino, que lo mantuvo grave hace un año atrás.
El literato de 88 años, tiene diagnóstico reservado, pero según anunciaron los médicos del sanatorio se ha mantenido estable desde su ingreso .
El agravamiento del estado de salud del poeta coincide con el homenaje que le rendirán este martes en Madrid más de 500 estudiantes que leerán sus poemas durante los actos que ha organizado la Fundación Instituto de Cultura del Sur para agradecer su contribución a la defensa de la igualdad y de los Derechos Humanos.

LATAM: Reporte.

martes, 21 de abril de 2009

Presentación del libro en la Página Web de la Casa del Poeta Peruano




JAMÁS TANTO CARIÑO DOLOROSO

William Gonzáles Pérez (Lima) acaba de sacar
 a la luz su primer poemario, un conjunto de
 poemas dedicados al viejo y complejo tema
 del amor... (leer más)

lunes, 20 de abril de 2009

Aviso para dictadores----Aviso para dictadores----

                                             Domingo, 19/4/2009, 15:38 h

 TRIBUNA: MARIO VARGAS LLOSA

 Aviso para dictadores

 La condena de Fujimori es un precedente histórico para quienes soñamos con una América Latina emancipada de la peste autoritaria. La sentencia debería enseñarse en las escuelas de todo el continente

 

MARIO VARGAS LLOSA 19/04/2009

La condena del ex dictador Alberto Fujimori a 25 años de cárcel por delitos contra los derechos humanos que ha dictado un Tribunal de la Corte Suprema del Perú trasciende largamente la demarcación geográfica peruana y gravita a partir de ahora sobre toda América Latina como una advertencia a quienes, de un confín a otro del continente, aspiren a tomar por asalto el poder y gobernar amparados por la fuerza. Ya saben los gobernantes que pisotean la Constitución y las leyes y mandan torturar y asesinar que sus crímenes no quedarán impunes, como casi siempre ha ocurrido hasta ahora, sino que tarde o temprano pueden ser juzgados y sancionados por sus propios pueblos. Se trata de un precedente histórico señero para quienes soñamos con una América Latina emancipada para siempre de la peste autoritaria.

El ex dictador ha sido condenado por dos secuestros y dos matanzas particularmente crueles de las muchas que se perpetraron durante su régimen, pero no por el delito más grave que cometió: haber destruido mediante un acto de fuerza militar el 5 de abril de 1992 la democracia, gracias a la cual dos años antes había sido elegido en comicios legítimos para ocupar la Presidencia del Perú. Los dos secuestros -del periodista Gustavo Gorriti y del empresario Samuel Dyer- coincidieron con el golpe de Estado. La primera de las matanzas se había realizado unos meses antes, en noviembre de 1991, en un barrio del centro de Lima -Barrios Altos-, donde un escuadrón de la muerte conocido como el Grupo Colina, integrado por militares y formado con anuencia de Fujimori, asesinó a 15 personas, entre ellas un niño de ocho años, que celebraban una fiesta en un vecindario con el pretexto -falso- de que eran senderistas y se proponían recolectar fondos para el movimiento terrorista de Sendero Luminoso. Uno de los factores que desencadenaron elputsch fue, por lo tanto, garantizar la impunidad para los delitos que ya venía cometiendo el nuevo Gobierno, no sólo contra los derechos humanos, también económicos, pues ya había comenzado el saqueo de los haberes públicos, algo que, en los años siguientes, alcanzaría un ritmo paroxístico bajo la batuta del brazo derecho del presidente y experto en latrocinios Vladimiro Montesinos.

La otra matanza tuvo lugar en julio de 1992. Los pistoleros del Grupo Colina invadieron de noche la Universidad de La Cantuta, que estaba intervenida y cercada por una fuerza militar, y secuestraron a nueve estudiantes y un profesor a quienes asesinaron en un descampado vecino de un tiro en la nuca. Allí los enterraron y, tiempo después, cuando el periodismo independiente, pese a las maniobras de encubrimiento del régimen, descubrió las huellas del crimen, los desenterraron, quemaron y volvieron a enterrar los huesos en otro lugar. El escándalo internacional que estalló cuando esta macabra historia se hizo pública y se conocieron las sangrientas entrañas del sistema, fue uno de los episodios que más melló la imagen de la dictadura ante el pueblo peruano, parte del cual hasta entonces la apoyaba en la errónea creencia de que un gobierno autoritario podía ser más eficaz que la democracia para combatir a los terroristas de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. En verdad, no fueron los escuadrones de la muerte de la dictadura los que derrotaron a Abimael Guzmán y los senderistas, sino un hecho que marcó un cambio cualitativo en la lucha antisubversiva: la captura de su líder y casi todo el Comité Central de Sendero Luminoso, gracias al rastreo científico que hizo de ellos un pequeño grupo de policías que estaba enfrentado con Vladimiro Montesinos y el servicio de inteligencia del régimen.

El juicio a Fujimori duró cerca de 17 meses, fue televisado, asistieron a él periodistas y observadores internacionales y el acusado gozó de todas las garantías del derecho de defensa. El Tribunal de tres miembros, presidido por un prestigioso penalista, magistrado y profesor universitario, el doctor César San Martín, cuya conducta a todo lo largo del proceso fue de una serenidad y corrección que le reconocen tirios y troyanos, ha emitido una sentencia que debería publicarse y enseñarse en las escuelas de toda América Latina (resumida, porque tiene cerca de 700 páginas) para que las nuevas generaciones conozcan, a través de hechos concretos y personas identificadas, la tragedia que significa para un país, en sufrimiento humano, inseguridad pública, delincuencia, distorsión de valores, mentiras, desprecio de los más elementales derechos de que un ciudadano debería gozar en una sociedad moderna y en corrupción y degradación de las instituciones, una dictadura como la que padeció el Perú entre 1992 y el año 2000, cuando Fujimori, fracasado su intento de hacerse reelegir en unos comicios fraudulentos, huyó al Japón y renunció a la Presidencia mediante un fax.

Mientras existan las fronteras, las Fuerzas Armadas son una necesidad perentoria para los países, y, por lo mismo que la sociedad les confía, al mismo tiempo que la responsabilidad de velar por su seguridad, las armas que le permitan cumplir con su misión, es indispensable que aquella institución funcione dentro de la más estricta legalidad y sea un baluarte de la sociedad civil, no su enemiga. Fujimori hizo un daño incalculable a las Fuerzas Armadas imponiéndoles como verdadero mentor a Vladimiro Montesinos, un capitán al que el Ejército peruano había expulsado y condenado como traidor a su patria y a su uniforme, y que, desde entonces, mediante manipulaciones y chantajes, abusaría de manera ignominiosa del poder que se le confirió. Montesinos fue postergando a los oficiales probos y capaces, obligándolos a veces a pedir su baja, en tanto que ascendía y colocaba en los puestos claves a sus cómplices y a colaboradores serviles, que ampararon sus desafueros -un vasto abanico de horrores que iban desde tráfico de armas hasta operaciones de narcotráfico- y se beneficiaron con ellos.

Uno de los aspectos más aleccionadores de la sentencia es la demostración inapelable de que, contrariamente a la pretensión de los fujimoristas de exonerar al ex dictador con el argumento de que Montesinos era quien delinquía y, aquél, un cándido que no se enteraba de nada de lo que pasaba bajo sus narices, había una absoluta simbiosis del dictador y su asesor, la que existe entre una persona y su sombra o entre el muñeco y el ventrílocuo que lo hace hablar. Ambos se repartían un trabajo en el que, por una parte, los hombres del poder se enriquecían a manos llenas, eliminaban adversarios, compraban y amedrentaban jueces, copaban cargos públicos, y de otra, mediante el soborno o el chantaje, controlaban los medios para manipular a la opinión pública con campañas televisivas ad-hoc y hundir en el desprestigio a sus críticos valiéndose de los plumarios de una prensa amarilla que financiaban o de conductoras de reality shows.

Sólo en un medio ambiente semejante, de desplome total de la legalidad y la decencia política, de imperio del úcase y la prepotencia, se entiende que prosperara el Grupo Colina y que en un par de años asesinara, en nueve operaciones perfectamente planeadas y ejecutadas, a unas 50 personas. Quienes integraron sus filas sabían que lo que hacían estaba ordenado y amparado por la más alta autoridad y, por eso, recibieron el amparo logístico necesario de la institución militar y el encubrimiento político y judicial debido -incluida una ley de amnistía- cuando sus negras hazañas fueron descubiertas y denunciadas. Lo que no sabían es que la dictadura caería -siempre caen-, la democracia rebrotaría de sus cenizas y -por primera vez en la historia del Perú- un ex dictador y sus principales cómplices serían llevados al banquillo de los acusados.

Los peruanos que vivimos en el extranjero solemos ver aparecer a nuestro país en los diarios, radios y cadenas de televisión de los lugares donde estamos, porque en el Perú ha habido un golpe de Estado, un atentado terrorista, un terremoto o quintillizos, es decir, siempre alguna catástrofe o anomalía, política o social. Qué extraño y qué hermoso lo que nos ha ocurrido en estos últimos días, advertir que el Perú del que habla la prensa y las personas en la calle con respeto y admiración es una civilizada nación que enfrenta su pasado con dignidad y coraje y donde un tribunal civil juzga y sanciona los crímenes de un dictador. Un ejemplo para América Latina, sí. Y para el mundo entero.

© Mario Vargas Llosa, 2009 . © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2009.


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