martes, 31 de marzo de 2009

Concurso de poesía, narrativa y ensayo



 La Pontificia Universidad Católica del Perú convoca a concursos de poesía, narrativa y ensayo, versión 2009. Los ganadores obtendrán US$ 10,000, el premio pecuniario más alto del Perú.

Se trata de la tercera realización del Premio Nacional PUCP en los géneros literarios de poesía, narrativa y ensayo, en la que podrán intervenir poetas y narradores que hayan nacido en el Perú o tengan nacionalidad peruana, pero que al 21 de marzo de 2009 no cumplan 40 años de edad. El evento cuenta con el auspicio del diario El Comercio, así como de la Fundación Carlos Rodríguez-Pastor Mendoza, entidad que premiará con diez mil dólares a quienes resulten ganadores. 

El jurado calificador está conformado así: Ensayo: Salomón Lerner Febres, Francisco Sagasti, Jorge Santistevan de Noriega. Novela: Jorge Edwards Valdés, Alonso Cueto Caballero, Abelardo Sánchez León. Poesía: Marco Martos Carrera, Mario Montalbetti Solari, Ricardo Silva Santisteban Ubillús. A la ceremonia del anuncio oficial del certamen, asistirán Luis Guzmán Barrón Sobrevilla, rector de la PUCP, Francisco Miró Quesada y Ramón Barúa, representante de la Fundación Carlos Rodríguez-Pastor Mendoza. 

Las entidades que propician este concurso nacional, tienen el propósito de promover a nuevos poetas y narradores peruanos y al mismo tiempo, hacer conocer las obras ganadoras. Para tener mayor información y obtener las bases del concurso escribir a: www.pucp.edu.pe/premionacional. 


La presentación del concurso de la PUCP se realizará el 3 de abril, en el auditorio de la Torre Interbank a las 12:00 m. Dirección: Carlos Villarán 140 Balconcillo – La Victoria).


lunes, 16 de marzo de 2009

Gregorio Martínez gana el premio Cope

ESCRITOR. Bienal de ensayo

EL AUTOR OBTUVO EL GALARDÓN GRACIAS A SU LIBRO “DICCIONARIOABRACADABRA...”

El escritor peruano Gregorio Martínez ganó la I Bienal de Ensayo Premio Copé Internacional 2008 con su libro “Diccionario abracadabra. Ensayos Abechedarios”. El premio Copé, convocado por la petrolera estatal Petro-Perú y que incluye categorías de cuento y poesía, otorga al ganador 30.000 soles y la publicación del libro.

Martínez, quien reside en Estados Unidos, ha publicado los libros de cuentos “Tierra de caléndula”, “La gloria del piturrín y otros embrujos de amor”, “Biblia de guarango” y “Cuatro cuentos eróticos de Acarí”.

Además, las novelas “Canto de sirena” y “Crónicas de músicos y de diablos”, y la recopilación de ensayos y artículos periodísticos “Libro de los espejos”.

En el 2002 ganó el primer premio de la Bienal de Cuento Copé con “Guitarra de palisandro”.

Luego de conocer la decisión del jurado, Martínez reivindicó el uso de la “ch” en el idioma español y afirmó que “en todo narrador hay un ensayista”.

 Empresa Editora El Comercio.

REVELACIÓN. Habla el biógrafo de Borges

Su matrimonio habría sido nulo


SEGÚN ALEJANDRO VACCARO, EL AUTOR DE “EL ALEPH” NO PODÍA CASARSECON MARÍA KODAMA, PUES NO SE HABÍA DIVORCIADO DE SU PRIMERAESPOSA, ELSA ESTETE MILLÁN.

BUENOS AIRES [EFE/EL COMERCIO]. “El matrimonio que contrajeron Jorge Luis Borges y María Kodama no es legal”, aseguró Alejandro Vaccaro, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y biógrafo del legendario autor de “El Aleph”.

En unas declaraciones publicadas por el diario “Crítica”, el biógrafo de Borges se declaró blanco de una campaña de Kodama para desacreditarlo a raíz de diferencias sobre la difusión de obras del escritor argentino fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra y sepultado en el cementerio Plainpalais de la ciudad suiza.

“El casamiento de Borges y Kodama es nulo porque él no se podía volver a desposar: ya estaba casado desde 1967 con Elsa Estete Millán, de quien se había separado en 1970 sin divorcio, porque este no existía en esas fechas en Argentina”, aseguró.

Borges y Kodama se casaron por poderes en un registro civil de la localidad paraguaya de Colonia Rojas Silva el 26 de abril de 1986, poco antes de la muerte del escritor debido a un cáncer de hígado.

Vaccaro hizo estas declaraciones después de que a fines de febrero Kodama lo acusara de hostigarla y exigiera que la dejara “trabajar en paz”, en medio de una polémica sobre una recopilación de las obras de Borges que el biógrafo del escritor considera “plagada de descuidos”.

“María Kodama está en campaña para descalificarme porque yo no opino como ella”, puntualizó Vaccaro.

El presidente de la SADE sostiene que en las recopilaciones de artículos de Borges publicadas por Kodama se le atribuyen al escritor “seis seudónimos que no son de él”.

“Le pido a ella que averigüe quiénes son José Tuntar y Andrés Corthis, a quienes ella señala como seudónimos de Borges y son personas que existen”, remarcó.

La polémica estalló a comienzos de año, cuando Vaccaro publicó una nota en la revista dominical de “Crítica” titulada “Los descuidos de María Kodama”, quien luego se quejó de ser blanco de ataques permanentes de parte del biógrafo.

Vaccaro también negó haber apoyado un proyecto para la repatriación de los restos de Borges al que Kodama se niega de modo tajante. La repatriación fue impulsada por la diputada argentina María Lenz en un proyecto de ley que la legisladora desistió luego de presentar al Parlamento.

UN AMOR OTOÑAL
Tras la muerte de la madre de Borges en 1975, el escritor se acercó más a quien primero fue su alumna y más tarde su secretaria: María Kodama. Ambos compartirían algunos viajes y se convertirían en marido y mujer, ya en la senectud del escritor.

En 1986, Borges fijó su residencia en la ciudad de Ginebra, en Suiza, y en abril de ese mismo año se casó con Kodama. Sin embargo, la unión no duró mucho, pues el escritor murió poco después.

 Empresa Editora El Comercio.

sábado, 7 de marzo de 2009

25 años sin Cortázar Por César Hildebrandt

"No quiero llegar a ser un viejo decrépito", dijo alguna vez Julio Cortázar.

Y se murió a los 70, antes de ser un viejo de verdad siquiera.Se murió, sencillamente. Pero dejó una obra que lo sobrepasa, un ejemplo de coherencia que los tránsfugas siempre le envidiaron, y un modo de ser y de leer, de escribir y de jazzear, de puntuar y de vocear que lo hacen único e inolvidable.Cortázar fue un escritor genial que no quería honores. Lo que tuvo siempre fueron lectores. Y lo que podía regalar era estilo.
Hay escritores de enorme talento sobre los que pesa, sin embargo, la desgracia de carecer de firma. Son buenísimos pero jamás le sacaron al idioma una franquicia que les permitiera algunas exclusividades (que en eso consiste el estilo, no me digan).
Cortázar, en cambio, dejaba la huella de un bisonte en cada página. No hay cómo confundirlo.
Allí están sus parrafadas enormes que imitaban el oleaje, su antisolemnidad, su incapacidad orgánica de ser huachafo, sus cuentos sin sobras, sus guiños anarcosurrealistas, sus burlas despiadadas, su intelectualismo moteado de ternura (ejemplo: algunas conversaciones de Lucía -la Maga- con Horacio Oliveira).
Y por encima de todo eso estaba la marca Cortázar: un modo personal y brillantísimo de entender la narración, de quitarle sonsonetes al idioma, de incorporar ráfagas de monólogo interior sin perder de vista la exterioridad del relato.Y unas ganas de joder que sólo podían venir de un hombre lúdico y de un espíritu burlón. Ejemplo clásico de estas ganas es el idioma inventado en "Rayuela" (el glíglico) para describir el sexo entre la Maga y Oliveira (¿o debería decir entre la Maga y cualquiera?).
El glíglico consistía en frases como esta:"Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa..."La primera vez que leí "Rayuela" fue en 1966, a los 18 años. Leyendo esa página de jerga de cama (y hasta de camastro) reí como sólo se puede reír a los 18. Y lo increíble es que ahora, varias mujeres y décadas después, el "glíglico" me sigue alegrando y entonando.Valga este recuerdo para quienes sólo quieren evocar al Cortázar comprometido y casi nicaragüense. Ese Cortázar valía -aunque escribió una mala novela que se llamó "Libro de Manuel"-, pero a su lado siempre estuvo el Cortázar intemporal que me cambió la vida con su prosa de gabardina sucia.Y no hablo, claro, sólo de "Rayuela". Hablo también de sus cuentos -los mejores que se han escrito en la literatura latinoamericana-, esas piezas maestras que nos llevaban al desespero (los de "Bestiario"), o a la parodia de la inviabilidad social ("La autopista del sur"), o a los lugares menos soleados de la creación ("El perseguidor").Cortázar fue un cuentista magistral de muchísimos cuentos y el novelista supremo de una sola novela.
Y esa fue "Rayuela", un libro actualmente proscrito, quizá porque nada tiene que ver con los aspartames seudoliterarios que hoy cotizan las editoriales y sus mafias."Rayuela" es uno de los pocos libros que me hizo mirar al mundo de otra manera y a la literatura de otra manera y al amor de otrísima manera. Jamás podré olvidar a la Maga siendo leal a Oliveira y defendiendo su soledad de hembra deseada en el París que hablaba de Mondrian:"-No sea asqueroso -dijo monótonamente la Maga-. ¿Qué gana con querer embarrar a Horacio? ¿No sabe que estamos separados, que se ha ido por ahí, con esta lluvia?"No hay muchos libros que te abran los ojos y que te llenen los oídos. "Rayuela" es uno de ellos. Y hoy que estamos cerca del vigésimoquinto aniversario de la muerte de Julio Cortázar he sacado de un estante el viejo libro -decrépito, él sí- y lo he ido brincando y salteando como si fuera lo que es: una rayuela, el juego misterioso que Cortázar nos hizo jugar, el juego que termina en un cielo pintado con tiza en una acera.

visite:http://gacetaliterariavirtual.blogspot.com/

martes, 10 de febrero de 2009

GUTIÉRREZ. En su nueva novela el escritor piurano

El poder erótico

Por: Ricardo González Vigil

Giancarlo Shibayama/ ARCHIVO

GUTIÉRREZ. En su nueva novela el escritor piurano bucea en las luces y sombras de la condición humana.


La mayor novedad de la Feria del Libro de Trujillo fue la flamante novela del gran escritor Miguel Gutiérrez (Piura, 1940). Ágil, envolvente, divertida, “Confesiones de Tamara Fiol” ilustra la maestría con que Gutiérrez, como pocos en la narrativa hispanoamericana, bucea en las luces y sombras de la condición humana, y pone al centro los abismos psicológicos de sus protagonistas, pero los conecta con su contexto social e histórico y logra que ambas dimensiones (la vida interior y el marco colectivo) eviten el maniqueísmo moral y el esquematismo meramente funcional (humanamente superficial) de los relatos de acciones.
Resulta deslumbrante constatar cómo las diversas novelas de Gutiérrez exploran formas discursivas. En el caso de “Confesiones de Tamara Fiol”, las posibilidades y los límites de la crónica y del reportaje, formas de la literatura de no ficción que propulsó la revista “Narración” que animó Gutiérrez en su juventud. El narrador Scott Batres comprenderá que el discurso de la novela supera las limitaciones de la crónica o del reportaje, en la meta de ventilar los abismos del ser humano; de joven había escogido ser cronista de guerra porque pensaba que “el género novelesco (salvo en su modalidad de “novela no ficticia”) había caducado de manera definitiva” (p. 380).
Sucede que, aunque “Confesiones de Tamara Fiol” aborda la historia política del Perú (no omite, además, varios conflictos en otras partes del mundo) desde el anarquismo de la época de González Prada hasta la vorágine terrorista de 1992, el tema central es otro: “Más que la guerra (la desatada por la subversión senderista), trata de la pasión amorosa de una luchadora y mujer de moral superior que sucumbe al poder erótico de un sujeto repulsivo como fue Raúl Arancibia” (p. 221).
Más aun, desnuda la rigidez ideológica de las novelas de propaganda comunista: “Resulta fatal para las ficciones, y agregaría que también para las crónicas y reportajes que aspirasen a la verdad y no a la sátira o la caricatura” (p. 226).
En cambio, nada es rígido en la novela de Gutiérrez, ni el lenguaje (lleno de humor y matices) ni la trama. Prima el deseo de gozar la vida de sus protagonistas, la complejidad con que expresan-disfrazan su verdad interior (Raúl defiende que sus mentiras lo retratan de verdad), la fuerza del resentimiento (gran tema de “La violencia del tiempo”), la mezcla del amor y del odio (en Tamara, Raíl, pero también en Morgan frente a sus padres y amadas).
Al final, queda abierto el enigma de quién mandó a matar a Raúl.

ARGUMENTO

Al realizar un reportaje sobre las mujeres de Sendero Luminoso, Morgan Scott Batres quedó insatisfecho porque solo obtuvo respuestas fijadas por el partido. Pero varios de sus amigos peruanos le mencionaron a Tamara Fiol, una mujer de izquierda, de gran personalidad, erótica e inteligente, envuelta en una pasión destructiva con el abominable Raúl Arancibia, asesinado ¿por senderistas, con la complicidad de Tamara? ¿Por figuras corruptas del gobierno? ¿Por narcos? Decide entrevistarla, y sus confesiones, entrelazadas a revelaciones de diversas personas, sacan a luz pasiones y resentimientos a los que no resulta ajeno Scott Batres.

TÍTULO: Confesiones de Tamara Fiol
AUTOR: Miguel Gutiérrez
EDITORIAL: Alfaguara

© Empresa Editora El Comercio. Jr. Miró Quesada #300 Lima 1 – Perú

texto de Arturo Corcuera, en homenaje al poeta Vicente Aleiexandre:


VICENTE Y SIRIO

1

Veo a Vicente Aleixandre acompañado de su perro Sirio. Se sentaba junto a él. En su sillón de mimbre solía descansar el poeta bajo un árbol en su jardín. Allí, entre pájaros y poesía, Sirio había crecido y edificado su reino.

Yo fui casi vecino de Aleixandre por una temporada, cuando estuve alojado en la Residencia de Relaciones Culturales, cerca a la Ciudad Universitaria. Fue durante esa temporada que lo frecuenté. Sirio me recibía con alegría y cuántas veces, como viejos amigos, correteamos juntos. Se sabía que Sirio tenía buen olfato para detectar a los poetas amsigos y que sólo era arisco y gruñón con los malos poetas, a los que ladraba sin cesar o mordía si fuera necesario. Yo me llevé, modestia aparte, muy bien con Sirio que merecía cantar.

Aleixandre vivía en Madrid, en la calle Velintonia, ahora lleva su nombre. Sonriente y jovial, asequible y bondadoso, recibía a los intrusos visitantes en su cuarto de trabajo, inundado de libros, objetos de arte, retratos, pinturas. En otoño o primavera lo hacía en el jardín.

No olvidaré nunca su generosidad infinita, sus palabras afectuosas sobre mi poesía: "La poesía breve es muy difícil. Es como dar en el blanco teniendo muy poco tiempo para disparar. Y usted lo ha logrado". Aludía a Noé delirante. Evocaba a sus compañeros de generación: "Federico García Lorca era comparable a una llama. Ardiente, apasionado, inteligente, con una fantasía sin límites... Miguel Hernández parecía un campesino en su aspecto exterior. Tenía mucho de elemental. Era como la tierra o como una roca. Artista sensible y notable poeta, murió encarcelado sin conocer su consagración. Apenas si le conocían los soldados porque leía sus poemas en las trincheras…". Me preguntó por Pablo Neruda y recordó la vez que se conocieron. "Me lo presentó Federico, poco antes de empezar la guerra civil. Me había hablado muy bien de él. Neruda me visitaba a menudo.. En este mismo sitio nos reuníamos muchas veces…En su libro Los encuentros recuerda a Luís Cernuda "vestido de negro, bajo de color el rostro, fina la figura"; a Pedro Salinas lo pinta con "un color dorado, pálido, centellante a un posible sol escondido; precisamente el color de la "manzanilla"; a Manuel Altolaguirre lo veía como "un ángel, que de un traspié caído en la Tierra y que se levantara aturdido, sonriente…y pidiendo perdón"; observaba "firme la frente, prolongada clásicamente en la recta nariz" de Rafael Alberti, que " tenía claridad en los ojos grandes e irradiaba una luz casi rubia"; con estas descripciones completo el retrato de varios de sus amigos en los encuentros de aquel tiempo. A su retorno a América – me encarga, Aleixandre- no olvide de darle mis saludos a Neruda". Y esa ocasión se produjo cuando Neruda llegó a Lima y yo acababa de retornar de España. Al primer encuentro me preguntó por Aleixandre ¿"Siempre vive en Velintonia?". Yo cumplí en transmitirle los saludos del poeta español. Rememoro su voz: "Neruda es lento. Uno se va impregnando poco a poco de su simpatía personal". Por esos días leí la evocación amable que Neruda hace del gran poeta español en su Memorial de Isla Negra: "…mientras enderezaba mi vaga dirección/ hacia cuatro caminos, al número 31 de la calle Welligtonia/ en donde me esperaba/ bajo dos ojos con chispas azules/ la sonrisa que nunca he vuelto a ver/ en el rostro –plenilunio rosado-/ de Vicente Aleixandre/ que dejé allí a vivir con sus ausentes".

En sus numerosas pláticas se interesó por los avatares del Perú, por Lima, tan presentida siempre, por Alejandro Romualdo de quien guarda gratos recuerdos. "Además de de un gran poeta, sé que es un gran luchador. Me llegan noticias de que está perseguido. Meses atrás firmé una carta, con otros escritores, solicitando su libertad al gobierno del Perú.

"Por Carlos Bousoño supo que soy poeta y se resintió conmigo por no habérselo dicho desde un comienzo. Me mostró un ejemplar traducido al alemán de su poesía que le acababa de enviar de la editorial Rowohl bajo el título de Nackt Wieder Gulende (Desnudo como piedra candente). No conocía personalmente a su editor, pero tenía referencias de haber realizado un buen trabajo. "Sé muy poco alemán. Solamente puedo leer las cartas que me escribe mi maestra Eva Sifert. Ella sabe mis limitaciones en el conocimiento de ese idioma. Seix Barral lanzaba en ese invierno del 66 su libro Presencias y estaba a punto de aparecer Retratos con nombre en la Colección El bardo de Barcelona. De este libro, respondiendo a un crítico, opinó: "Realmente estoy contento del impulso originario, no tanto -como siempre- del resultado".

Hasta hoy poseo un poema manuscrito dedicado a Scharlie Pfeiffer, joven alemana, inteligente y actractiva, admiradora de Aleixandre y discípula predilecta de Bousoño, amiga memorable, a quien le arrebaté el poema con el compromiso de devolvérselo después de darlo a conocer en el Perú, promesa que en su primera parte hasta hoy no he cumplido.

De Lima le escribí a Aleixandre en varias oportunidades y recibí respuesta a vuelta de correo. No olvidaba en mis cartas de enviarle efusivos saludos al humanísimo Sirio, de "hondos ojos apaciguados" .En Retratos con nombre cantó a Sirio: "Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo/ de soberanía y fuerza,/ tu pezuña que toca la materia del mundo,/ el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados/ donde la creación jamás irrumpió como una sorpresa".

Conservo con devoción una carta suya en la que me da cuenta de la amorosa y callada muerte de Sirio junto a él. "Recuerdo –me dice- nuestras pláticas en Velintonia y siempre espero que algún día se reanuden, Sirio de quien usted hace memoria, murió el año pasado mientras dormía a mi lado". En otra de sus cartas me expresa su pesar por no poder venir a América y me comunica también una simpática noticia: "Un día aparecerá usted por la puerta de Velintonia. Encontraría ahora una novedad: un nuevo Sirio lo recibiría alborozado". Pero yo sé que en la Calle Vicente Aleixandre (antes Velintonia), adonde ya nunca más iré, me estarán esperando dos ausencias.

2

A los pocos años de su muerte, me enteré por los cables que la casa de Aleixandre está sola y abandonada, marchitas las enredaderas y polvorientas las paredes. El último inquilino que se instaló , como si hubiera crecido en el jardín un arbusto desgreñado, fue un mendigo. Allí, entre los árboles, duermen bajo tierra los tres perros que sucesivamente acompañaron al poeta. Los tres tuvieron por nombre Sirio. Yo conocí sólo al segundo. La noticia del deterioro de su casa conmovió a amigos y extraños. La casa, donde tantas veces se reunieron los poetas del 27, también se ha comenzado a morir. Es ahora una casa en sombras. Se mudaron a las estrellas esos "dos ojos con chispas azules" de los que habla en su poesía Pablo Neruda.

3

Meses después de la muerte de Aleixandre, 16 poetas españoles resaltaron la obra y la personalidad del poeta en un acto en el que intervinieron también dos compañeros de generación: Rafael Alberti y Dámaso Alonso que por entonces sobrepasaban los 80 años. Tanto Carlos Bousoño como Claudio Rodríguez leyeron poemas a Sirio, esa trinidad de perros que llevaron el mismo nombre sucesivamente y que acompañaron su soledad sagrada. Y fue Claudio Rodríguez recordó quien recordó que Sirio jamás ladraba ni a los niños ni a los pobres y que sólo atacaba a los malos poetas, a quienes solía percibir con el afinado olfato crítico que poseía.

Arturo Corcuera,

Perú

(Texto proporcionado por Carlos Ostolaza).
De: BOSQUE DE PALABRAS,

TRIBUNA: MARIO VARGAS LLOSA

Secuelas de dictadura

Un escándalo de 'chuponeo' o espionaje ilegal sacude la política y el mundo empresarial de Perú. El sustrato del caso es el poso de corrupción y envilecimiento cívico heredado del periodo Fujimori-Montesinos

MARIO VARGAS LLOSA 08/02/2009


El feo peruanismo chuponear -feo por su viscosa fonética y por su significado- significa interceptar las comunicaciones entre las personas con un propósito delicuencial. Está ahora de moda en el Perú a raíz del descubrimiento de unos audios grabados ilegalmente de conversaciones telefónicas en que dos antiguos militantes del Partido Aprista, Rómulo León Alegría y Alberto Químper, uno de los cuales fue ministro en el primer gobierno del presidente Alan García, hacían tráfico de influencias a favor de empresas y personas interesadas en obtener licitaciones y contratos del Estado y se felicitaban de las comisiones que por ello recibían: "¡Hemos hecho un faenón, hermano!". Ambos han sido expulsados del Apra, están presos y su conducta se ventila ante el Poder Judicial.


Violaban la privacidad para obtener poder, contratos, influencia o extorsionar
a sus rivales

Son nuevos demócratas, con el whisky en la mano y la sonrisa del
triunfador en las páginas sociales


Aunque el presidente García no ha sido personalmente afectado por el escándalo -los audios prueban que hacía tiempo se negaba a recibir al ex ministro implicado, y en un discurso ha llamado "ratas" a los protagonistas- el episodio provocó la caída de todo el gabinete y, ahora, ha tenido un rebrote publicitario con la captura de los chuponeadores: una compañía llamada Bussiness Track, de la que forman parte varios oficiales de la Marina de Guerra, algunos en activo y otros en situación de retiro. Los registros policiales de los ordenadores y archivos de la empresa en cuestión, y la aparición de más de ochenta nuevos audios que llegaron misteriosamente a manos de un periodista, han provocado toda clase de conjeturas. Se habla de una vasta clientela de individuos y empresas particulares que encargaban las ilegales interceptaciones de Buissness Track y otras compañías de la misma índole -por lo visto hay varias en plena actividad- para servirse de ellas contra sus competidores o en problemas más íntimos, como los pleitos de divorcio. Decenas y acaso centenares de personas del mundo profesional, industrial y comercial operando en la más flagrante ilegalidad y sin el menor escrúpulo.

Hay razones para alarmarse, desde luego, pero sólo los cínicos y los tontos deberían sorprenderse. Porque el Perú es un país que, como la mayoría en América Latina, tiene una larga tradición de dictaduras y la herencia más profunda y duradera que éstas dejan siempre a las sociedades que las padecen es el eclipse de la moral pública, el envilecimiento cívico. Esta tara persiste una vez que la dictadura se desploma y es uno de los lastres por el que las democracias que suceden a los regímenes tiránicos fracasan y a veces terminan en nuevos golpes de Estado.
La interceptación de las comunicaciones se practica en todas partes, desde luego, pero en las democracias dignas de ese nombre ella se lleva a cabo, en cada caso específico, con autorización judicial, y esto ha permitido, por ejemplo, capturar a traficantes de drogas y grandes criminales. Los servicios de inteligencia se valen de ella, también, para combatir el terrorismo, dentro de limitaciones legales estrictas. Y hemos visto en los últimos años las protestas que han merecido en Estados Unidos y en Europa los casos en que los cuerpos de seguridad se extralimitaron, violentando la ley que garantiza la privacidad de los ciudadanos, en sus labores de espionaje.
La pareja criminal Fujimori-Montesinos que fue dueña y señora del Perú por diez años -1990 a 2000- hizo del horripilante chuponeo una práctica generalizada que le servía para conocer la vida íntima de sus críticos y adversarios y poder extorsionarlos, así como para ejercer chantajes y obtener beneficios en las grandes operaciones delictivas en que los forajidos del régimen se robaron cientos de millones de dólares, que comprendían desde negociados mafiosos con la compra y venta de armas hasta pactos y negocios de los carteles internacionales del narcotráfico. Como todas las instituciones del país fueron puestas al servicio de la dictadura, las Fuerzas Armadas, claro está, pasaron también a servir, antes que al Perú, a Fujimori y Montesinos, y por eso hay hoy todavía en la cárcel, cumpliendo condenas o a punto de recibirlas, un buen número de antiguos oficiales que, en esos años sombríos, ensuciaban su uniforme a la vez que se llenaban los bolsillos.

Buen número de ellos ejercitaban el chuponeo desde las modernas instalaciones importadas para el efecto por el Servicio de Inteligencia que presidía Montesinos, eminencia gris de la dictadura. Cuando ésta finalmente se desmoronó en un fin de fiesta tan calamitoso como payaso (Fujimori huyendo al Japón y renunciando a la Presidencia mediante un fax y Montesinos entregado por los servicios secretos venezolanos de Chávez que lo habían escondido), los expertos chuponeadores se quedaron sin trabajo y, ni cortos ni perezosos, formaron empresas privadas y ofrecieron sus servicios al público. Lo más notable y escandaloso no es que lo hicieran sino que, de inmediato, encontraran tantos clientes en el mundo empresarial. Lo que significa que a una cantidad indiscernible, pero ciertamente grande, de peruanos les parecía -les parece- perfectamente legítimo valerse de una actividad delictuosa e inmoral -la violación de la privacidad- para obtener contratos, influencia, poder o extorsionar a sus competidores y adversarios.

El Perú anda mucho mejor de lo que estaba en aquella década infame, por supuesto. Desde el año 2000, con los tres presidentes que ha tenido desde entonces, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo y Alan García, la democracia ha funcionado pasablemente bien en lo esencial -elecciones libres, libertad de prensa, independencia de poderes- aunque sus imperfecciones sean todavía grandes en razón del subdesarrollo, y la buena política económica seguida por los tres ha traído al país un crecimiento y una buena imagen internacional para los inversores sin precedentes en nuestra historia. Acaso lo más sorprendente de estos años haya sido la evolución del presidente Alan García hacia una filosofía liberal y moderna que (en buena hora para el país) defiende y aplica contra viento y marea, incluso contra buen número de sus propios compañeros de partido que siguen anclados en el pasado, sin importarle la impopularidad. El resultado es que, a diferencia de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, el Perú, con su apertura al mundo, su apoyo a la empresa privada y su implantación en todos los grandes mercados internacionales, resiste bastante mejor que el resto el cataclismo financiero internacional.

Ahora bien, como lo muestra el escándalo del chuponeo, hay una podredumbre moral agazapada debajo de esa fachada estimulante, que conspira contra todo lo que anda bien y que, si no se corta por lo sano, podría, dadas ciertas circunstancias difíciles, retrocedernos otra vez hacia la barbarie autoritaria. Ésta no empieza cuando los tanques salen a las calles y los uniformados, siguiendo a un mequetrefe militar o civil, asaltan el Parlamento, Palacio de Gobierno y el caudillo toma el poder y comienza a gobernar a punta de úcases. Comienza con el criollo desprecio de las reglas y convenciones que son el sistema sanguíneo de la civilización, el poco respeto no sólo de las leyes sino del espíritu que las anima, y la aceptación de todo lo que las vulnera e instaura la arbitrariedad, la mentira y lo ilícito como norma aceptable de conducta.

El Perú, una democracia en cierto sentido pujante, es, al mismo tiempo, un paraíso de la ilegalidad. Es cierto que buen número de responsables de los crímenes y pillajes de la dictadura han ido a la cárcel, pero muchos más de los que la prohijaron, sirvieron y medraron con ella, andan ahí, reciclados, ahora demócratas de nuevo, con el whiskycito en la mano y la sonrisa del triunfador, adornando las páginas de sociales. Los discos, los libros y los vídeos piratas se venden por doquier y todo el mundo sabe y acepta que la coima sea la única llave maestra para aligerar cualquier trámite administrativo o librarse de las multas y que las multas y los trámites se conciban sólo para poder obtener coimas. ¿Cómo sorprenderse que, en semejante contexto, el traficante de influencias, emboscado bajo la anodina denominación de lobbysta o cabildero, sea un activo protagonista de la vida económica y de que haya empresarios que contratan a los chuponeadores con toda normalidad para descubrir el talón de Aquiles de sus competidores y ganarles los concursos y los pleitos? Son esas silenciosas y diligentes termitas las que, a lo largo de nuestra historia, han hecho que todos nuestros intentos democráticos se desintegren de pronto como momias expuesta al sol. No seamos tan insensatos otra vez más.

Lima, febrero de 2009

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